Con la automatización de los procesos productivos, capacidades como la creatividad o la flexibilidad cognitiva serán aún más trascendentales en los próximos años. ¿Cómo potenciarlas?

Resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, gestión de personas, coordinación con otros, inteligencia emocional, toma de decisiones, orientación al servicio, negociación y flexibilidad cognitiva son las habilidades que el Foro Económico Mundial considera que serán “las más importantes” que la fuerza laboral requerirá en el año 2020. ¿Qué se entiende por cada una de ellas?

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Según Patricio Espinosa, gerente general de IBM Colombia, en los años que se avecinan “la interacción humana va a tener más valor que nunca”. A pesar de la creciente automatización de muchos empleos, o precisamente a raíz de esto, cada vez se necesitarán más las competencias que solo un ser humano puede proporcionar, ligadas a las relaciones interpersonales.

De acuerdo con Ramiro Bado, director de Hays Colombia, “un perfil competente debe combinar con asertividad especialización en términos profesionales con el desarrollo de habilidades blandas”. Esto quiere decir que las personas mejor preparadas para los cambios que se avecinan son las que, además de sus conocimientos técnicos, desarrollen capacidades encaminadas a crear buenas relaciones interpersonales que se traduzcan en un crecimiento para una compañía.

Las habilidades blandas son llamadas así en contraposición a las duras o habilidades relacionadas con el conocimiento curricular de una persona. Las blandas solo se desarrollan, o se ponen en práctica, en el momento en que una persona comienza sus actividades laborales, lo que las hace más difíciles de medir o descubrir desde el proceso de reclutamiento. En este sentido, el nuevo panorama laboral, que las exigirá permanentemente, obliga a la transformación de dos sectores: las compañías, desde sus oficinas de Talento Humano, y el educativo. ¿Cuáles son los retos para ambos?

El reto de las compañías

Con la automatización y la robotización de muchos de los procesos productivos, las compañías también han venido transformándose para saber cómo optimizar estos recursos y combinarlos con los talentos de sus colaboradores. La tecnología creará un panorama productivo que cambiará rápidamente de año a año, lo que requerirá cada vez oficios y personas con capacidades más analíticas para adaptarse a las máquinas y a sus cambios permanentes.

“En una realidad mutable, las compañías buscan perfiles integrales con capacidades analíticas y de liderazgo”, anota Ramiro Bado, pero el mundo no solo será muy cambiante, sino que se volverá con el pasar de las décadas más especializado, lo que creará nuevas ofertas donde los seres humanos podrán cumplir un rol fundamental, y siempre, lo que ya es una realidad, en combinación con la inteligencia artificial.

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En los años que se avecinan la presencia de software y robots creará un desempleo creciente, que posiblemente se estabilizará cuando la industria y la academia comprendan el verdadero protagonismo de hombres y mujeres en este contexto. Durante el 2018 se vendieron cerca de 400.000 robots en el mundo. Y un robot, según una entrevista en la revista Forbes con Carlos Toxtli, experto en el tema, suplanta entre dos y tres empleos, y con el tiempo suplantará muchos más.

Este panorama plantea varias cuestiones:

1) Los robots no necesitan horarios ni tiempos de comida y por esto cumplirán las funciones de varios hombres, ¿las harán mejor o sin supervisión?

2) ¿Cómo se administrarán estas máquinas y quiénes serán sus dueños?

3) ¿Cuántas personas y qué tipo de habilidades requerirán para supervisar el trabajo de estas máquinas?

4) ¿Existirán algunos sectores productivos que no necesitarán de esta inteligencia artificial?

5) ¿Cómo se comportará la economía en un mundo robótico?

6) ¿Será posible imaginar que este contexto traiga más tiempo para hombres y mujeres, para invertir en sus vidas personales mientras los robots (propios o no) trabajan?

Los desafíos del sector educativo

No ha existido ninguna revolución industrial anterior que no implique una gran revolución educativa. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, los primeros sectores que se verán afectados por la automatización serán: administración, producción, construcción, arte, diseño, entretenimiento, legal, instalación y mantenimiento. Ante lo que las universidades e instituciones educativas tienen una obligación urgente de transformar sus ofertas y propuestas.

Ahí es donde las habilidades blandas deben entrar y atravesar todos los currículos. Aunque muchas habilidades blandas se desarrollarán desde la infancia y la adolescencia, la formación universitaria estará abocada a perfeccionarlas para quien lo requiera. Y lo tendrá que hacer con formaciones rápidas y concretas, porque, como dice Patricio Espinosa, “las personas tendrán que convertirse en lifelong learning, aprendizaje constante, porque un título universitario y una maestría no serán suficientes”. Lo que quiere decir que el mundo exigirá de una persona una actualización permanente, a lo largo de toda su vida laboral.

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Y si el nuevo ecosistema industrial obligara que todos estén en constante actualización de conocimiento, los centros educativos deben prepararse para esto y saber que sus ofertas tienen que adelantarse a los oficios que el mercado requiera. De la misma manera que deberán saber analizar y mediar la vida útil de cada oficio y, ante sus rápidas obsolescencias, ser oportuno con los nuevos cargos que se crearán constantemente.

A raíz de la velocidad con la que actualmente ocurren los cambios es que se requieren individuos críticos, con análisis, con capacidad para tomar decisiones, con inteligencia emocional, con flexibilidad cognitiva y dispuestos a coordinar procesos y solucionar problemas complejos.

Características generales de los trabajos del futuro

 

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