Más que componentes, la sostenibilidad y la innovación son el corazón de El Alcaraván: suple su demanda energética con una granja solar propia, dejó de emitir 225 toneladas de CO2, redujo en 33% su consumo de agua y su vertimiento de aguas residuales, sembró 2490 árboles nativos y genera 80 empleos directos para habitantes de la zona.

Este hotel, inaugurado en 2019, se ha consagrado como un lugar para reconectar con la naturaleza de Villavicencio, en la vía a Puerto López. Sus 53 hectáreas están vivas, latentes: son hogar de 160 especies vegetales nativas, que dan abrigo y sombra a monos cotudos, monos ardilla, titís tocón, osos hormigueros, armadillos, zorros, ardillas, venados, lapas, nutrias y 144 especies de aves, por lo que El Alcaraván participa en el Global Big Day, el mundial de avistamiento de aves.

Su terreno, que en 90% corresponde a bosques y siembras, aloja una granja solar autónoma, senderos forestales y ecológicos, rutas para cabalgatas, y un lago navegable con una isla central, en donde aves y reptiles circulan libremente.

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“Con el hotel no queremos ocupar un espacio en la naturaleza, queremos integrarnos a ella”, explica Andrea Neira, jefe de sección de la Gestión ambiental de Colsubsidio, organización que llevó a cabo este proyecto.

¿Cómo lograrlo? “Nuestra base conceptual frente a la sostenibilidad es grande: entendemos que el medioambiente es un todo del que el humano hace parte”, dice Nicolás Gómez, gestor para las Gerencias de Infraestructura, Recreación y deporte, y Hotelería y turismo de Colsubsidio.

El Alcaraván nace de un compromiso real con que los impactos económicos, sociales y ambientales de nuestra operación estén equilibrados; maximizar los positivos y reducir los negativos; generar bienestar y aportar activamente al cierre de brechas sociales”, agrega.

Para alcanzar ese objetivo, la principal apuesta del hotel fue crear una granja solar que genera 180 kilovatios mensuales. En promedio, su pico de consumo energético ronda los 170, por lo que El Alcaraván puede abastecerse totalmente de energía limpia aun con su ocupación al máximo —que antes del COVID-19 era de 248 huéspedes, alojados en 63 habitaciones con calentadores de agua solares—.

Como la producción de energía varía según las condiciones climáticas y la intensidad lumínica, el hotel sigue integrado al sistema eléctrico local para garantizar su operación. En días nublados, se surten de la electrificadora y en temporadas soleadas, le entregan a la empresa la energía solar que no utilizó El Alcaraván.

“Lo que hacemos es tener un cruce de cuentas con la empresa: lo que consumió el hotel de la electrificadora versus la energía excedente que generó nuestra granja y que trasladamos a su red eléctrica para que no haya ninguna pérdida. Así, hemos tenido un ahorro de hasta 40%”, explica Nicolás.

Los resultados de la granja, construida con el apoyo de Enel – Codensa, son avasalladores: se ha dejado de emitir 225 toneladas de CO2, lo que equivale a haber sembrado 19 hectáreas de árboles nativos, es decir 16.000 árboles.

La monitoreamos diariamente con un software asociado a la calculadora de emisiones y gases de efecto invernadero de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos – EPA, que nos permite saber en tiempo real cuál es su comportamiento: cuántas toneladas de CO2 estamos reduciendo y a cuánto equivale eso en términos de televisores apagados o árboles sembrados”, dice Andrea.

La iniciativa ha encontrado acogida en nichos específicos: “Desde el sector académico, nos ven como una fuente de conocimiento teórico y práctico. Universidades y colegios son bienvenidos al hotel porque esta iniciativa sirve para replicar y compartir el conocimiento, para que otros se den cuenta de que la sostenibilidad con buenos resultados sí es posible”, asegura la ingeniera.
Aunque su modelo de energía limpia es suficiente para catapultar al hotel como pionero de la sostenibilidad turística, El Alcaraván va más allá: ha reducido en 33% su consumo de agua potable —9.000 metros cuadrados anuales— y de agua vertida, que se reaprovecha en el riego de zonas verdes.

También redujo en 57% la generación de residuos peligrosos y, en 2019, aprovechó cerca del 80% de sus desechos: 93 toneladas que no se convirtieron en relleno sanitario y casi 10 que pasaron a ser compost.

Adicional a sus zonas verdes externas —2490 árboles nativos de 160 especies diferentes— el hotel tiene su propio vivero con 2683 individuos vegetales de 69 especies. “Robustecemos y diversificamos las zonas de bosque que tenemos en el predio. Así, además de apostarle a lo forestal, enriquecemos el componente de fauna ya que esto se convierte en un corredor importante para muchas especies animales”, comenta Nicolás.

Además, en el frente económico, emplea directamente a 80 personas y genera ingresos para proveedores locales: aquellos que trabajan, por ejemplo, realizando visitas guiadas para ver delfines rosados.

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Este modelo, de una inversión de 1.250 millones de pesos, le valió a El Alcaraván ser premiado por el Pacto Global Red Colombia por su contribución al logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 13: acción por el clima.

El Alcaraván es una meta, un punto de llegada: materializa esfuerzos, estudios y preparaciones de una idea que nació en 2016 —en la Alta Dirección de Colsubsidio, encabezada por Luis Carlos Arango Vélez— con la intención de aprovechar la intensidad lumínica de esa zona geográfica.

Sin embargo, el hotel también es un punto de partida: “Trabajamos para desplegar esta iniciativa y desarrollar otras similares en todas nuestras unidades de servicio más allá de la recreación, el turismo y la hotelería”, concluye la ingeniera.

La biodiversidad, la cultura, la gastronomía y la gente de Colombia son las razones por las que el país es un atractivo turístico a nivel mundial. De acuerdo con ProColombia estas características son ventajas competitivas para la región que pueden posicionar al país como una potencia ecoturística, y aportar al desarrollo de la economía desde la sostenibilidad.

Biodiversidad y aventura para generar desarrollo

Colombia cuenta con alrededor de 56 mil especies registradas entre aves, plantas, anfibios, reptiles, mamíferos, peces y especies endémicas según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SIB);  esto es principal activo con el que cuenta la región para atraer turistas y promocionar al país como un destino de aventura y ecoturismo.

Según ProColombia “el ecoturismo es una modalidad de turismo sostenible” y en el país se han desarrollado programas y normas que fomenten buenas prácticas empresariales a favor de la protección de los ecosistemas, la generación de oportunidades de empleo y fortalecer este sector de la economía.

Actualmente, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo creó normas técnicas y guías para que las compañías dedicadas al ecoturismo en zonas naturales puedan implementar acciones positivas para el medio ambiente mientras se da a conocer la cultura y las tradiciones alrededor de cada territorio.

Modelos de negocio sostenibles

Gracias a la amplia oferta de turismo que hay en Colombia, pequeños y grandes empresarios se han dado a la tarea de compartir con visitantes nacionales e internacionales la diversidad que hay en la región de forma responsable y aplicando modelos de negocio sostenible.

Este es el caso de la corporación Mano Cambiada, una empresa dedicada al turismo comunitario en el departamento del Chocó donde le sacan provecho a los recursos ambientales que tienen para educar y transmitir a los turistas las tradiciones, cultura y conocimientos de las comunidades indígenas del territorio.

Allí hay un compromiso común entre este modelo de negocio, los habitantes de la región y los visitantes para conservar el territorio desde el turismo sostenible.

Josefina Klinger, directora general de la corporación Mano Cambiada asegura que los turistas extranjeros valoran las prácticas medio ambientales que se fomentan en la región, lo que agrega valor a su modelo de negocio cautivando a visitantes de países como España, Alemania, Italia, Francia y Canadá.

Un modelo de negocio amigable con todos

Esta empresa transformó la forma de relacionarse con la naturaleza y los habitantes de la región, pues quienes antes se dedicaban a la casa de paujiles, la captura y venta de loros y la tala de árboles, hoy son los guías turísticos que lideran más de 20 rutas para el avistamiento de aves.

Este modelo de negocio eliminó las prácticas ilegales que afectaban diferentes especies de aves y atrajo turistas nacionales e internacionales. Finalmente, generó nuevas oportunidades de capacitación y empleo mejorando la calidad de vida a varias familias.

Hoy el 70% de los turistas que llegan a Manakin Nature Tours son estadounidenses, y la empresa espera llegar al mercado europeo promoviendo el ecoturismo como una estrategia para preservar los recursos naturales del país e impulsar la economía.

Estas compañías nacionales son un ejemplo a seguir por ser promotores de la transformación ambiental, económica y social del país, rescatando la cultura, biodiversidad y tradiciones de las comunidades indígenas y rurales del país desarrollando sus modelos de negocio.

Si su empresa o emprendimiento es generador de cambios en la región, cuéntenos a través de nuestras redes sociales de qué forma ayuda en el desarrollo de Colombia.

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