Epidemias y pandemias como la viruela y el cólera han sido el punto de partida para ingeniosos proyectos que cambiaron la vida de millones de personas. ¿Qué dinámicas se transformarán en el mundo tras la Covid-19?

La viruela: un hito en la historia de la medicina

La viruela es una de las enfermedades más devastadoras que ha sufrido la humanidad. Se cree que se originó en India o Egipto, hace aproximadamente 3.000 años y se contagiaba por contacto directo con personas infectadas, o a través de los fluidos corporales. Sus síntomas iniciales eran fatiga y fiebre, pero luego aparecían pústulas y bultos en el rostro y cuerpo de quien la padecía.

La enfermedad llegó a América en el siglo XVI y arrasó con diferentes civilizaciones indígenas en todo el continente. El imperio azteca fue uno de los más afectados, con más de tres millones de muertos, debido a esta enfermedad.

Solo durante el siglo XX se estima que la viruela acabó con la vida de 300 millones de personas en todo el mundo.

Sin embargo, la lucha contra la viruela le dejó al mundo uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la medicina. Gracias a los experimentos del doctor inglés Edward Jenner, que en 1976 demostraron que inocularse con una variedad similar de viruela, presente en las vacas, podría proteger a las personas contra esta enfermedad.

Finalizando la década de 1960, la Organización Mundial de la Salud puso en marcha una campaña masiva de vacunación que pretendía erradicar la enfermedad. El plan fue exitoso, el último caso conocido de viruela fue registrado en Somalia, en 1977 y la enfermedad fue declarada como erradicada en 1980.

El alcantarillado de Londres: una solución a los brotes de cólera

A mediados del siglo XIX la capital inglesa fue azotada de forma recurrente por brotes de cólera, una enfermedad que provocaba vómitos y diarreas agudas que podían acabar con la vida de quien la padecía en solo cuestión de horas. Entre 1853 y 1854 cerca de 10.000 londinenses murieron debido a esta enfermedad

Aunque en un principio existió la creencia de que la enfermedad era originada por los fétidos olores de la ciudad, pues desechos de todo tipo iban a parar al río Támesis; fue el doctor John Snow – considerado el padre de la epidemiología – quien aseguró que la enfermedad no se transmitía por el aire, sino por ingerir agua contaminada.

El verano de 1858 fue tan caluroso, que provocó el evento conocido como el ‘Gran hedor de Londres’, tan insoportable que el Parlamento de Westminster se vio obligado a legislar en tiempo récord, para aprobar un proyecto que permitiera la construcción de un sistema de alcantarillado que le pusiera fin a la situación.

La iniciativa fue liderada por el ingeniero Joseph Bazalgette, quien diseñó un completo y extenso sistema de alcantarillado interconectado. El proyecto consistía en la construcción de 82 millas de alcantarillas recubiertas de ladrillos y 1.100 millas de desagües subterráneos que canalizarían los desechos y aguas residuales de la ciudad.

El alcantarillado propuesto por Bazalgette fue el proyecto de ingeniería civil más grande del mundo en el siglo XIX, contribuyó de manera significativa a la salud pública de la ciudad y hoy en día sigue siendo utilizado por la población londinense.

Transformación digital e innovación: el foco de la Covid-19

La pandemia de Covid ha trastocado diferentes aspectos de la vida humana. Millonarias pérdidas de empleo, el cierre de las instituciones educativas a nivel mundial y drásticos cambios en los entornos laborales, han impulsado a la humanidad a transformarse de manera acelerada para poder hacerle frente a la pandemia.

El nacimiento de nuevos modelos de trabajo

El confinamiento obligó a millones de empresas a enviar a casa a sus empleados para poder mantenerlos seguros. Esto supuso un enorme reto que, poco a poco, se fue normalizando y ha traído beneficios tanto para las empresas como para los trabajadores.

Según una encuesta realizada por McKinsey, el 80% de las personas aseguraron disfrutar del trabajo en casa y el 41% afirmó ser más productivo. Evitar largos desplazamientos y un mayor equilibrio entre la vida personal y laboral son algunas de las ventajas que argumentaron haber experimentado durante este período.

Un estudio realizado por Global Workplace Analytics encontró que los empleadores estadounidenses ahorraron hasta 30 mil millones de dólares diariamente, debido a la implementación de iniciativas de teletrabajo durante la pandemia.

Es probable que tras la emergencia la tendencia continúe, pues las empresas reducirían costos de operación si mantienen a sus colaboradores trabajando desde casa y las ciudades o pueblos pequeños podrían verse beneficiados, pues quienes han emigrado a las grandes ciudades, en busca de oportunidades laborales, podrían retornar a sus lugares de origen, gracias a las ventajas del trabajo remoto.

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Innovación en tiempo récord: la carrera por la vacuna

Ante la emergencia sanitaria, científicos de todo el mundo se dieron a la tarea de conseguir un antídoto para frenar la propagación de la pandemia. En tiempo récord diferentes equipos de investigación anunciaron que sus innovaciones habían llegado a buen puerto. ¿Cómo logró hacerse tan rápido este proceso?

Un ejemplo es la investigación realizada en el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, que reunió a sus mejores expertos para diseñar una vacuna que pudiera hacerle frente a esta enfermedad.

La innovación que permitió a los científicos desarrollar esta vacuna, no es un trabajo nuevo, es fruto de extensas investigaciones previas a la Covid-19, cuando se construyó el ChAdOx1 o Chimpanzee Adenovirus Oxford One.

Antes de la Covid-19, ya se habían utilizado vacunas basadas en ChAdOx1 para tratar enfermedades como la gripe, el virus del Zika o la Chikungunya.

Este trabajo les permitió desarrollar de manera más acelerada la nueva vacuna contra la Covid-19 y luego, Oxford logró establecer una alianza con el gigante farmacéutico AstraZeneca, para su fabricación. La vacuna ha pasado por todas las etapas de ensayos clínicos necesarios para asegurar su confiabilidad.

La pandemia puso en jaque la salud y economía mundial, y aunque todavía no se le ha ganado la batalla, los planes masivos de vacunación en diferentes países del mundo, pretenden ser la solución a la catástrofe. Las nuevas tendencias en sistemas de transporte, entornos laborales y hábitos de consumo, pueden ser el punto de partida hacia una nueva humanidad, que pueda restablecer de manera sostenible lo que el mundo ha perdido durante el último año.

Fuentes:

National Geographic, BBC, McKinsey, Fast Company, Global Workplace Analytics, History, The Guardian, Museo de Londres.

Todos sin excepción hemos escuchado frases comunes: “El cambio es una constante”, “es una puerta que solo se puede abrir desde adentro”; sin embargo, ¿qué tan conscientes somos de lo que realmente significa el cambio individual?, ¿qué genera en nuestro interior?, ¿por qué reaccionamos de manera positiva o negativa?

*AUTOR: Sonia Patricia Murillo, especialista en Gestión Humana y Desarrollo Organizacional.

La palabra cambio en sí misma genera ansiedad y en nuestro interior se disparan sensaciones diversas que nos producen emociones como miedo, enojo, frustración, resignación y alegría, entre otras. Cuando percibimos que se altera o rompe de alguna manera el equilibrio, estabilidad o control que creemos tener sobre ese aspecto de nuestra vida que está siendo impactado por un cambio, reaccionamos.

A lo largo de mi vida profesional, he encontrado que, en primera instancia, la mayoría de personas reaccionan de manera negativa a los cambios, así sus impactos posteriores sean positivos.

Un común denominador que he encontrado es el miedo que, en ocasiones, paraliza, nubla la mente e impide que pensemos con claridad y tranquilidad. De alguna manera la mente se ‘cierra’ y la actitud hacia estos cambios se torna negativa. El miedo a lo desconocido suele generar bloqueo, inhibición, más aún si el cambio no lo decidimos nosotros mismos.

Regresemos por un momento al inicio de nuestra vida consciente: todo era nuevo, estábamos totalmente abiertos y dispuestos a aprender cada día y en cada momento a descubrirlo todo, a experimentar, a probar.

Cada situación nueva, reto o aprendizaje se constituía en una maravillosa oportunidad para crecer; lo cual también conllevaba a acumular hábitos y costumbres, a los cuales nos acomodábamos sin ser muy conscientes y fuimos acuñándolos como las maneras propias y correctas de ser, pensar, actuar y sentir.

Buena parte de nuestros hábitos y costumbres son los que hoy nos impiden adoptar una actitud positiva hacia los cambios cotidianos. 

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¿Cómo sería nuestra vida si no tuviéramos miedo a estos? ¿Qué pasaría en nuestro interior y en nuestro alrededor, si los cambios los viéramos de una manera positiva, como retos, oportunidades? Ya lo enunciaba Charles Darwin (1809-1882): “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor a los cambios”.

Es curioso que todos —en mayor o menor medida— mantenemos el gusto por probar cosas nuevas: un lugar por conocer, nuevos ritmos para bailar, canciones que no habíamos escuchado y nos cautivan, nuevos artistas, comida desconocida, personas nuevas en nuestras vidas. Lo anterior se facilita, mientras sentimos que tenemos el control, la posibilidad de elegir; pero ¿no siempre tenemos esta posibilidad? Estoy convencida de que sí.

Elegimos nuestras reacciones frente a los hechos cotidianos de menor o mayor importancia para nosotros, decidimos si vencemos o no los temores que nos generan, nos enfrentamos a retos y situaciones, nos atrevemos o no a romper hábitos o costumbres, optamos o no por aprender algo nuevo.

Recientemente, en alguno de los talleres que dicté sobre disposición hacia los cambios, planteé un reto sencillo sobre algo cotidiano: utilizar la mano no dominante para realizar alguna de las actividades que solemos hacer en ‘automático’ con la mano dominante; por ejemplo, comer o peinarse. No dejó de sorprenderme que uno de los participantes —joven, por cierto— de inmediato aseguró que si lo intentaba, lo iba a hacer mal.

Si de entrada elijo que mi mente decida que no soy capaz ni siquiera de ensayar un cambio tan pequeño y considero que va a salir mal, el resultado no podrá ser diferente: elijo no intentar, mantengo mis hábitos y prefiero no descubrir de qué sí puedo ser capaz.

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El temor a realizar el más pequeño cambio es quien gana y simplemente ni me atrevo a intentarlo. Triunfa el temor a dejar lo seguro, lo conocido y afloran las resistencias; en el caso del joven, la resistencia a equivocarse y el miedo a no hacerlo bien ganaron la partida.

Desde el plano personal, nos resistimos a los cambios por el temor al fracaso, a lo que otros piensen, a sentirnos rechazados; por esto nos conformamos con seguir haciendo más de lo mismo, que en muchas circunstancias no es lo que nos permite sentirnos bien y felices.

Sin lugar a dudas, también la dificultad para reconocer los errores y soltar los apegos cuenta dentro de esas resistencias al cambio.

En otro caso, una participante no solo decidió aceptar el reto, sino compartirlo con su familia. Como bien lo planteó Sócrates: “El secreto del cambio es enfocar toda la energía no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo”.

Como siempre se puede elegir con qué actitud se asumen los cambios, parte de la clave está en serenarse, sobreponerse ante lo que creemos que va a ser difícil, entender cómo se puede lograr el resultado esperado buscando alternativas, adaptarse a las nuevas circunstancias e intentarlo hasta lograr el resultado esperado.

En la medida en que seamos dueños de nuestras conductas y reacciones, con mayor facilidad lograremos no solo adaptarnos a los cambios, sino anticiparnos y, por qué no, ser promotores de estos para nosotros y para otros.

 

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