Sistema B busca redefinir y ampliar el sentido del éxito en los negocios, a través de un nuevo modelo protagonizado por el bienestar económico, social y medioambiental. Las certificaciones privadas —como Empresa B— y las políticas públicas —como sociedades BIC— son herramientas vitales para lograrlo.

“Cuando a mi generación nos preguntaban ‘qué quiere hacer con su vida’, parecía haber pocas opciones. Si uno quería hacer plata, tocaba ir a una oficina tradicional con corbata y trabajar de 8 a 5 y de lunes a viernes. ¿Y el propósito? No, gracias, eso solo para los fines de semana. Si quería salvar el mundo, tocaba ir a una fundación y vivir con los papás el resto de la vida. Queremos mostrar que hay una tercera opción: las Empresas B, en las que se unen las ganas de cambiar el mundo con la escala y la rentabilidad de grandes negocios. Lo mejor de dos mundos”, dice Camilo Ramírez, director ejecutivo de Sistema B Colombia.

La cotidianidad es la evidencia más contundente sobre la necesidad de reinventar el entorno económico: ocho hombres poseen la misma riqueza material que la mitad más pobre de la población mundial, de acuerdo con un informe de Oxfam International. El planeta, por su lado, se ahoga en materiales que no puede procesar: el Foro Económico Mundial asegura que, de mantenerse las tendencias actuales de consumo, para 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

“Venimos de una tradición en la que el éxito de una empresa se mide por su rentabilidad financiera y su único fin es hacer plata; entre más, mejor. Esa definición tiene al mundo en la situación actual: una crisis ambiental sin precedentes, que obliga a replantearnos cómo consumimos y vivimos, y una sociedad absolutamente desigual”, agrega el economista.

La transformación de modelos empresariales, más que importante, es indispensable para garantizar un futuro de bienestar. Sin embargo, es un reto: generar simultáneamente valor económico, social y ambiental exige derribar paradigmas antiguos para crear una nueva filosofía organizacional que, en últimas, representa un avance ético.

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Para lograrlo, Sistema B trabaja en seis frentes:

  1. Empresas B: certificar, bajo este nombre y globalmente, a las compañías con ánimo de lucro que solucionan problemas sociales y ambientales en el mundo.
    En Colombia actualmente hay 70 Empresas B, en Latinoamérica cerca de 800 y a nivel global 3.700. Son el futuro de los negocios, el ‘sí se puede’ y la inspiración para que otras iniciativas se sumen y entiendan que la sostenibilidad no es algo exclusivo de organizaciones de Dinamarca o grandes industrias”, explica Ramírez.
    El trabajo de Sistema B consiste en, primero, buscar, encontrar e invitar a miembros del sector privado a pensarse y gobernarse desde la sostenibilidad, y, segundo, medir y evaluar su impacto cuantitativamente para verificar que cumple con los estándares para certificarse. Natura Cosméticos, Crepes & Waffles y Juan Valdéz son ejemplos de Empresas B en el país.
    “Es una certificación con muchos beneficios económicos y reputacionales: interdependencia del ecosistema con otras Empresas B, exposición mediática, incentivos a los colaboradores como mejores planes educativos y de salud, participación en proyectos de impacto colectivo y líneas especiales de crédito. En Bancolombia, por ejemplo, tenemos una línea de crédito especial para Empresas B con intereses más bajos como un reconocimiento”, explica el director ejecutivo.
  2. Política pública: cambiar las reglas de juego y masificar el mensaje de la sostenibilidad a través de la Ley 1901 de 2018, que reconoce y certifica nacionalmente como Sociedades comerciales de Beneficio e Interés Colectivo —BIC— a las empresas que incorporan la triple hélice de impacto —economía, sociedad y medioambiente— a su estrategia de negocio.
    Incorporar fuerzas del Estado en promover la sostenibilidad —regularla, nombrarla, medirla, evaluarla y verificarla— para que más empresas la adopten en su ADN representa un avance significativo y beneficios como obtener descuentos en el registro de marca; reducciones tributarias, si se distribuyen las utilidades empresariales con los trabajadores; preferencia en licitaciones estatales; y acceso a una línea especial de crédito con la banca publica, un incentivo que aún está en etapa de planeación y desarrollo.
    Colombia fue el primer país latinoamericano en otorgar este reconocimiento legal a las compañías en las que el lucro es un medio más que un fin. Actualmente existen 387 empresas BIC a nivel nacional: 89 por ciento son microempresas; 7 por ciento, pequeñas; 3 por ciento, medianas; y 2 por ciento, grandes. 287 de estas empresas nacieron bajo la figura jurídica BIC mientras que las otras 100 adquirieron la condición.
    “Una cosa es la certificación internacional de Empresa B, que conlleva un costo para las compañías, y otra la Ley BIC, que surgió para llegar a todos los emprendimientos en las regiones apartadas sin que signifique ningún costo”, puntualiza el economista.
    Recientemente también apoyamos la Ley de pago a plazos justos —vigente desde enero— en la que se establece que se debe pagar a los proveedores en máximo 45 días. Calculamos que con esto, el PIB puede crecer hasta en tres puntos”, agrega.
  3. Inversionistas: concientizar a la banca tradicional y a los fondos de inversión sobre cómo, por su naturaleza, las Empresas B son menos riesgosas y, por ende, un negocio más próspero y una inversión más segura.
  4. Academia: llevar el mensaje de que es posible hacer negocios haciendo el bien a la mayor cantidad de personas posibles a través de cursos, clases, eventos y conversatorios para la comunidad universitaria. “Sistema B es un movimiento de gente que piensa que las cosas se pueden hacer de una manera distinta. Queremos que muchas personas digan ‘yo quiero trabajar, emprender, investigar o comprar en una Empresa B”, dice Ramírez.
  5. Comunidades de opinión: reunir a un consejo empresarial en el que los CEO más reconocidos de Empresas B asesoran a otros líderes sobre cómo y por qué iniciarse en el mundo de la sostenibilidad.
  6. Grandes actores de mercado: fortalecer comercialmente al sector privado a través de ruedas de negocio y articulaciones y alianzas en la cadena de valor de distintos sectores.

Peldaño a peldaño en los universos B y BIC

La sostenibilidad empresarial es una carrera de resistencia: las transformaciones suceden tras esfuerzos constantes y no por un único impulso de fuerza. ¿Cómo comenzar a recorrer este camino?

“Antes de pensar en querer hacer plata, la invitación es pensar en una realidad social o ambiental que se desee transformar: los plásticos, la desigualdad, la brecha de género, la primera infancia, etcétera. Cualquiera de esos problemas es una oportunidad de solucionarlo a través de una empresa rentable”, concluye Ramírez.

Para tener un impacto positivo en la sociedad las compañías deben empezar por su cliente interno, los empleados. Hablamos con Martha Lucia Durango, directora de Recursos Humanos de Adecco, para conocer más de esto.

Cuando hablamos de responsabilidad social empresarial, de inmediato asociamos el tema con el trabajo que las organizaciones realizan en pro de las iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida de las comunidades que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad.

Sin embargo, para que una empresa sea realmente responsable, su estrategia debe empezar desde la gestión del talento. “Ningún departamento de Recursos Humanos puede ser socialmente responsable si no cumple con las premisas básicas respecto al cuidado del capital humano que administra y la defensa del medioambiente”, afirma Martha Lucia Durango, Directora de Recursos Humanos de Adecco.

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En ese sentido, para que el trabajo que realizan las áreas de Recursos Humanos y Responsabilidad Social Empresarial esté alineado y sus objetivos vayan de la mano, Durango sugiere:

  1. Mantener la equidad interna y externa en los pagos salariales y las bonificaciones.
  2. Cumplir con las normativas de Salud, Seguridad y Medio Ambiente (HSE por el significado de las siglas en inglés) y asegurar el bienestar de los empleados. Garantizar un ambiente productivo a través de pausas activas, y cuidados con la salud para mitigar riesgos de accidentes laborales.
  3. Asegurar un entorno de trabajo saludable para el medioambiente. Además, mantener activas campañas de reciclaje, ahorro de agua, energía, etc.
  4. Estar abierto para atender las consultas de los funcionarios y resolver sus inquietudes, manteniendo una política de puertas abiertas en la organización.
  5. Mediante la comunicación interna, asegurar que todos los empleados conozcan los objetivos y estrategias de la compañía, y estén alineados para alcanzarlos, y facilitar los procesos de cambio que se requieran.
  6. Brindar oportunidades de crecimiento y desarrollo al interior de la organización, manejando procesos de evaluación y promoción trasparentes.
  7. Asegurar el respeto por la diversidad, sin distinciones de raza, credo, sexo, orientación sexual, clase social e ideales políticos, entre otros, manteniendo un entorno de igualdad.
  8. Facilitar y apoyar a los empleados para que mejoren sus conocimientos y experticia en el cargo.
  9. Motivar a los empleados para que participen en las iniciativas que buscan fomentar las relaciones con la comunidad y promover actividades que busquen ayudar a las poblaciones vulnerables.

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El papel que juega la gerencia del talento humano es esencial para que las organizaciones desarrollen proyectos de responsabilidad social empresarial. De hecho, Durango asegura que muchos de los indicadores definidos para medir el éxito de los programas de RSE están ligados a la labor que realiza RR.HH., “como la satisfacción con el clima organizacional, la equidad en salarios y beneficios, compromiso con la diversidad, balance de la vida personal vs las horas de trabajo, los planes de formación y los métodos de evaluación de desempeño.”

La implementación de estrategias empresariales que generan un impacto social, ambiental y económico positivo hacen parte de las nuevas acciones que las compañías ponen en práctica para impulsar el crecimiento de sus negocios y el de la región.

Aquí surgen dos grandes conceptos: el valor compartido y la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) como estrategias para hacer crecer una empresa haciendo el bien. Estas tendencias empresariales se caracterizan por generar transformación social, sin embargo, solo una trabaja por el crecimiento económico de su sector y el de la comunidad.

Diferencias entre el valor compartido y la RSE

Bajo el concepto “doing good by doing well” (hacer el bien haciendo el bien), las empresas fortalecen su gestión social beneficiando a las comunidades con programas que se basan en la RSE, mientras que, el valor compartido, se fundamenta en tres principios:

1. Reconcebir los productos y mercados.

2. Redefine la productividad en la cadena de valor.

3. Permite el desarrollo de un clúster local.

Esta estrategia agrega valor a la cadena de productividad de la compañía, aporta al crecimiento profesional de los trabajadores, genera mayores ingresos a la empresa y mejora la calidad de vida de las familias.

En este sentido, Michael Porter, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y líder de estrategias empresariales, plantea en La creación de valor compartido (Harvard Business Review), las diferencias entre esta estrategia y la RSE:

Responsabilidad Social Empresarial (RSE)
Valor compartido
Valor: hacer el bien. Valor: beneficios económicos y sociales en relación a los costos.
Ciudadanía, filantropía, sustentabilidad. Creación conjunta de valor entre la empresa y la comunidad.
 Discrecional o en respuesta a la presión externa.  Parte integral de las competencias.

Ajena a la maximización de utilidades.

Parte integral de la maximización de las utilidades.

La agenda es determinada por los reportes hacia afuera y las preferencias personales.

La agenda es específica de la empresa y se genera internamente.

Impacto limitado por la huella de la empresa y el presupuesto de RSC.

Realinea todo el presupuesto de la empresa.

Bancolombia, el grupo financiero que crece de la mano de la sociedad

Una de las compañías bancarias más grandes de Colombia se convirtió en el 2018 en la entidad con mejores prácticas sostenible a nivel Latinoamérica, ocupando a su vez, el quinto puesto a nivel mundial de acuerdo con el ranking internacional Dow Jones, el cual evalúa a las empresas que realizan prácticas sostenibles a favor de la sociedad, el medio ambiente y la economía mundial.

Para lograr este mérito, Bancolombia ha trabajado desde el 2008 por catalogarse como una entidad financiera a favor del desarrollo social impulsando acciones contundentes como:

Estas y otras acciones han llevado al Grupo Bancolombia a ser un ejemplo a seguir a nivel mundial por sus esfuerzos de generar cambios sociales desde lo económico, ambiental y social.

Es así como las empresas deben identificar las necesidades de su público y tomar medidas contundentes para evaluar y guiar sus modelos corporativos hacia la construcción de negocios sostenibles que aporten al desarrollo del capital social.

Desde esta perspectiva, ¿cree que su empresa hace parte de las organizaciones que agregan valor compartido para impulsar el crecimiento económico y social del país?

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