El teletrabajo ha sido la solución para evitar los contagios en plena pandemia. Sin embargo, la OIT explica que esta metodología lleva al empleado a una situación de disponibilidad casi que permanente y, aunque para muchos sea gratificante estar más tiempo en casa, esto podría convertirse en un arma de doble filo.

El mayor reto para las personas que trabajan desde sus casas es el derecho a la desconexión, advierte el documento de Eurofound sobre el teletrabajo, “Working anytime, anywhere: the effects on the world of work”, que busca limitar las consecuencias negativas de las jornadas de trabajo inadecuadas.

Según Forbes y Bloomberg, el trabajo en casa ha pasado de ser de 8 horas a 10 horas diarias, y la jornada laboral ampliada se refleja en varios países europeos como Austria, España, Francia y el Reino Unido, e incluso, según datos de Nord VPN, en Estados Unidos se podría estar dando un aumento de hasta el 40 % extra de horas laboradas.

Así mismo, las redes de conexión están detectando puntas de actividad de las 12 de la noche a las 3 de la madrugada, una franja en la que antes del Coronavirus no había movimientos destacables.

Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su serie Work and family Information Sheets, afirma que aunque esta modalidad “puede ayudar a las empresas a enfrentar situaciones de emergencia, no necesariamente es una solución óptima”.

Y advierte que “el cansancio disminuye la productividad, sobre todo si estas situaciones se repiten frecuentemente. Trabajar muchas horas puede afectar la tasa de errores, el ritmo de trabajo y el comportamiento social”, asegura la entidad.

Todo esto se debe a que no existe una clara separación entre el tiempo para laborar y el tiempo libre.

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En lo que respecta al Ministerio TIC, en su ‘Cuarto estudio de penetración del teletrabajo’ presentado el año pasado, desde 2012 el número de personas que laboran bajo la modalidad del teletrabajo ha incrementado cuatro veces, pasando de 31.553 a 122.278.

Según el documento, los beneficios que perciben las empresas son el aumento de la productividad en un 39 %, la disminución de costos operacionales en un 37 %, el aumento de la eficiencia en los procesos en un 27 % y teletrabajadores más motivados en un 25 %.

Contrario a estas cifras positivas, surge esta interrogante ¿por qué las personas están laborando horas extra o en jornadas que no han sido previamente establecidas? 

Laura Camargo, abogada especialista en derecho de familia, explica que en la modalidad de teletrabajo los horarios de pausas activas y almuerzos no siempre están definidos o en multinacionales que tienen presencia en varios países con diferentes zonas horarias, los colaboradores deben estar pendientes por más horas.

Además, Camargo resalta que las familias en el país no estaban preparadas para este abrupto salto a trabajar desde casa y muchas de ellas no cuentan con los implementos para que cada miembro realice  correctamente las actividades durante el día.

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Uno de estos casos es el de algunas familias con hijos en edad escolar donde los padres deben hacer de profesores; otras no cuentan con suficientes computadores para todos los miembros y la única solución es rotarse los horarios de uso, desplazando la jornada de trabajo 2 o 3 horas o cambiando completamente la rutina y laborando en horas no habituales, como lo son las 2 o 3 de la mañana.

Del mismo modo, teniendo en cuenta las leyes impuestas por el Gobierno de pico y cédula, existen horarios específicos que las personas deben aprovechar para salir de sus casas y hacer mercado, pagar los servicios, ir a una cita médica o cualquier actividad permitida y, por ende, no pueden dedicar esas horas al trabajo, extendiendo sus horarios en las noches o inclusive en las madrugadas.

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¿Y si trabajo horas extras desde mi casa, tengo derecho a cobrarlas a mi empleador?

Andrés Jiménez, abogado laboralista y profesor de la Universidad del Rosario, afirma que sí. Según Jiménez, el teletrabajo es una forma de regulación laboral aprobada en ley 1221 de 2008 y una de sus características es cumplir con una jornada previamente acordada entre las dos partes.

Sin embargo, lo que la mayoría de gente está haciendo ahora es ‘trabajo en casa’, una modalidad completamente diferente. 

“Cuando un empleado trabaja en casa, debido a razones de fuerza mayor, no hay un acuerdo mutuo entre las partes, las condiciones no son de teletrabajo, entonces esa persona debe cumplir con el horario que figura en su contrato, y si se extiende su jornada está en todo su derecho a reclamar esas horas extras ya que el contrato se mantuvo igual y al no ser bajo la modalidad de teletrabajo, tiene que haber un pago adicional”, explica Jiménez.

La dificultad que están padeciendo muchos trabajadores durante la cuarentena es que ni el Gobierno ni las empresas estaban preparados para afrontar una circunstancia como esta, por eso, hay tantos problemas laborales y los empleados han tenido que adecuarse a situaciones nuevas.

La recomendación de Jiménez, si alguna persona de la compañía está teniendo inconvenientes con la jornada laboral, es establecer un acuerdo de voluntades entre las partes para modificar las condiciones laborales y fijar los horarios que más convengan. 

Tras el fin de la cuarentena y con la ‘nueva normalidad’ imponiéndose poco a poco, el regreso físico a las oficinas parece cada vez más cercano. ¿Cómo negociar un horario flexible para esta nueva etapa?

El asunto cobra más peso a medida de que el home office deja de ser una imposición legal para mitigar la propagación de la pandemia: los colaboradores, más que nunca, quieren trabajar con la seguridad física y mental que solo su casa les ofrece. Una investigación reciente así lo confirma.

El ‘Estudio SPR-MARCO Hábitos de Consumo Post COVID-19’ advierte que el 80 % de los colombianos quiere seguir teletrabajando después de la cuarentena.

Con encuestas hechas a 4.500 personas, en 6 países, la consultora MARCO también destaca en el informe que el 54 % manifestó echar de menos la vida social en el trabajo.

Pero, ¿cómo generar bienestar compartido entre los objetivos de la compañía y las necesidades del talento humano? La conciliación es el mejor camino.

Para la empresa, saber tender puentes atrae, retiene y motiva al talento; aumenta su compromiso y su felicidad, y por ende su desempeño; mejora los índices reputacionales y puede evitar inconvenientes de mayor índole.

En países como España, la discusión sobre las jornadas laborales tras el confinamiento se ha tomado incluso tribunales judiciales.

Para los colaboradores, desarrollar la habilidad de negociar es de gran utilidad, más allá de la coyuntura sanitaria actual. Sin embargo, es importante analizar la pertinencia de un horario flexible en cada caso particular.

“Si trabajas de cara al público o en atención al cliente, puede ser complicado. Si necesitas de un equipo, los horarios deben coordinarse para coincidir al menos en determinadas horas; en caso de que estén en otro país, con otro huso horario y necesiten coincidir contigo, también debes tenerlo en cuenta, antes de solicitar flexibilidad”, explica Elena Compte, experta en comunicación y marketing y formadora de habilidades directivas y habilidades blandas en LinkedIn Learning Europa.

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Entonces, de ser posible, ¿cómo negociar la jornada laboral?

1. Convencersa

Y eso también significa prepararse: planear con suficiente anticipación la propuesta concreta que se va a plantear y los argumentos que la sostienen como una buena opción para ti y para tu compañía.

“Se empieza a negociar desde un nivel inferior al intentar convencer a un líder hablando únicamente de las necesidades propias. Es importante plantear soluciones y no solo problemas”, aseguró al respecto Karen Mattison, consultora de trabajo flexible y cofundadora de Timewise, a Harvard Business Review.

El objetivo es construir un diálogo en el que sus necesidades personales se vean respaldadas por beneficios empresariales y por propuestas realistas de un horario flexible.

Quizá, no volver a la oficina hasta que la pandemia se controle mundialmente no es una opción, pero sí lo es, por ejemplo, ir solo dos días a la semana o evitar horas pico para usar transporte público.

“Lo principal es ir bien preparado a la negociación: plantear argumentos claros, que convenzan al jefe y a las personas que toman las decisiones en la empresa. Hay que ponerse en su lugar y persuadirlos explicando qué gana la empresa con el cambio, no pensar solo en lo que para nosotros es válido a nivel personal”, complementa Compte.

En ese sentido, también es recomendable practicar la conversación con otro manager de confianza que pueda darte una retroalimentación adecuada para mejorar la negociación real.

2. Las formas sí importan

Sé precavido y procura que los factores externos a la negociación jueguen a tu favor: escoger un momento indicado para tocar el tema es vital. Probablemente el resultado varíe dependiendo de si se plantea la cuestión frente a la junta directiva reunida o si se discute en un momento privado con el líder del equipo.

Es mejor esperar para tener la conversación cara a cara. Hay que dejar que pasen los primeros días de readaptación al volver a la oficina, jornadas en las que el jefe tendrá otras preocupaciones más urgentes, y entonces pedirle una reunión para hablar el tema”, asegura Compte, quien también resalta la importancia de la inteligencia emocional en el asunto.

“El empleado debe buscar la forma de hablar con calma con su superior para que que no se encuentre con una negativa, antes de llegar a valorar como tal la oferta planteada”, advierte la experta.

Para reforzar la tranquilidad y confianza, fruto de su preparación para la negociación, evita iniciar la conversación con una disculpa o con temor del resultado.

Además, expande tu visión. Piensa con qué otros trabajadores podrías hablar para presentar una solicitud conjunta sin que, por el tono de la conversación, llegue a entenderse como un ultimátum a la compañía.

“Si es una petición del equipo o de un grupo considerable de los trabajadores —que por sus funciones podrían acogerse al horario flexible—, la capacidad de presión es mayor”, dice Compte.

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3. Pónte en los zapatos de tu jefe

Conocer la naturaleza del líder de su equipo es un punto de partida para convencerlo. “Saber qué motivaciones tiene y cuáles son sus prioridades hará que cambie el enfoque de la negociación”, asegura Compte.

Si a tu jefe le preocupa el bienestar de sus empleados y valora atraerlos y retenerlos, le importará también que el horario flexible permita conciliar la vida personal y profesional de su talento.

“Entonces, ese salario emocional, que cada vez es más común en las empresas, será un factor decisivo y la felicidad del empleado será un argumento válido”, explica la formadora.

Sin embargo, si tu jefe se enfoca prioritariamente en objetivos económicos sin reparar en las personas que los hacen posibles, en la negociación deben protagonizar argumentos como la productividad y los costes para la empresa.

Una buena idea es enfocarse en los aspectos positivos comprobables que ha traído su trabajo desde casa: mayor productividad, aumento en la creatividad de sus propuestas, incremento en las ventas, disminución en el ausentismo por incapacidad médica, etcétera.

Estos hacen que su necesidad de posponer el retorno físico a la oficina sea viable desde la óptica de los intereses empresariales.

La experta también recomienda ir un paso adelante y estar listo para dar respuesta óptima a las posibles inquietudes del líder. “Es muy útil pensar, desde antes de la negociación, las preguntas o contraargumentos que puede dar el jefe y preparar las respuestas para evitar estar desprevenidos”.

4. No te olvides de los puntos medios

En el campo de la negociación, no existen las verdades absolutas. A ti te interesa lograr un horario flexible, no entrar en una discusión perpetúa con su jefe sobre los pros y las contras del teletrabajo, ni probar tener razón a toda costa.

Si tu propuesta no fue aceptada, procura —entonces— llegar a algún punto medio con transiciones paulatinas y cambios menos bruscos: teletrabajo en determinados días, para equipos concretos o durante un periodo de prueba corto.

Cuando los directivos vean que la jornada flexible no solo no afecta negativamente a los resultados de la empresa ni a la eficiencia de los empleados, sino todo lo contrario, será el momento de retomar la negociación e intentar mejorar aún más las condiciones de flexibilidad”, asegura Compte.

Es importante conseguir tu objetivo de teletrabajo, pero es aún más importante avanzar, aunque sea de a pequeños pasos, para lograrlo.

“En última instancia, el éxito o el fracaso de la negociación siempre depende de las ganas de cooperar de ambas partes, de llegar a un acuerdo satisfactorio para los implicados, cediendo un poco por cada lado. De lo contrario, una de las partes impondrá su voluntad sin dar pie a negociar”, concluye Compte.

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