Conjugar el éxito empresarial con la transformación social y ambiental. Esa es la esencia de las Empresas B, un grupo de compañías sostenibles del que Juan Valdez hace parte desde el pasado febrero. Le contamos cómo logró convertirse en la primera comercializadora de café del mundo en lograrlo.

Ampliar el sentido del éxito empresarial para entenderlo como la unión del crecimiento económico, la protección medioambiental y el bienestar social ha sido el motor de la certificación ‘Empresas B’ desde su surgimiento. Este reconocimiento internacional, emitido en el país por Sistema B Colombia, busca ser un diferencial global para las compañías que hacen negocios haciendo el bien y con triple impacto —económico, ambiental y social—. Tras un proceso que inició en 2019, Juan Valdez se convirtió en febrero en la primera cadena de café en el mundo en obtener este distintivo.

La certificación es una de las más exigentes de su tipo: solo cerca de 3 por ciento de las compañías que se postulan logran tener el diferencial. Sin embargo, la comunidad de empresas sostenibles en el mundo sigue creciendo: actualmente hay 70 Empresas B en el país, 800 en América Latina y 3.700 a nivel global.

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De acuerdo con Camila López, gerente de Sostenibilidad de Juan Valdez, esta certificación es fruto de un trabajo consciente que nació con la compañía en 2002. El impacto de ser una Empresa B, asegura, otorga cuatro valores fundamentales a su modelo de negocio.

  1. Sentido de interdependencia: “No estamos solos. Formamos parte de una comunidad que, desde la diversidad de sus negocios, está generando triple impacto y está entendiendo que no tenemos que hacer nada solos, que podemos trabajar entre varios para generar valor y responder a los desafíos del mundo actual. A todos los retos planetarios podemos responder desde nuestros negocios, mediante acciones mancomunadas y transversales”, explica.
  2. Reputación y competitividad: ser una Empresa B significa ser reconocido como un modelo de negocio que soluciona problemas ambientales y sociales, lo que genera reconocimiento en todos de los grupos de interés de las compañías: clientes, aliados comerciales y, en este caso, caficultores.
  3. Escala global: La certificación de Empresas B está presente en aproximadamente 70 países, por lo que contar con ella es una carta de presentación que facilita y fomenta la entrada a nuevos mercados internacionales. Para Juan Valdez, que tiene presencia en treinta naciones, esta credencial los hace parte de, en palabras de López, “un movimiento mundial donde podemos hablar un mismo lenguaje y reconocernos en medio de las diferencias con una identidad común: generar valor a tres niveles”.
  4. Beneficios de negocio: a mes de haber recibido la certificación como Empresa B, Juan Valdez ya obtuvo beneficios monetarios tangibles, como el ofrecimiento de tasas bancarias diferenciales.

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“No es fácil ser una Empresa B, pero esto demuestra el aporte de Colombia al movimiento global de sostenibilidad. Hay otras empresas colombianas que han logrado certificarse, pero no hay nada más colombiano que el café y no hay una marca nacional más conocida en el mundo que Juan Valdez. Queremos que la gente entienda el compromiso de estas compañías en entender su éxito como algo que va más allá de lo financiero”, comenta Camilo Ramírez, director ejecutivo de Sistema B.

Con el inicio de su proceso de validación, llegó también un cambio de mentalidad frente a lo que la sostenibilidad representa: “Establecimos que la certificación Empresas B se iba a convertir en un camino, para entender dónde estábamos ubicados, más que en un fin en sí”, dice López. El siguiente paso fue la creación de un comité interno para identificar, de manera transversal a la organización, dimensiones en las que cada área podía articularse con otras, autoevaluarse y aportar.

Así surgió el modelo con el que Juan Valdez ha buscado incidir positivamente en la comunidad en la que opera: “Nuestro mayor impacto se desarrolla a través de nuestra cadena de abastecimiento y de sus entornos. Tenemos una relación muy estrecha con quienes son nuestra razón de ser: los caficultores. Nosotros hemos sido diseñados, desde el inicio, como un negocio que atiende a las 540.000 familias caficultoras que en su mayoría son pequeños y medianos productores”, explica la gerente.

“La Federación Nacional de Cafeteros, principal accionista de Juan Valdez, es un ejemplo global de cómo funciona una cooperativa. Colombia es lo que es por el café y el café colombiano es lo que es por la Federación. Llevar directamente la producción de los campesinos al consumidor final, quitar intermediarios y garantizar un mejor precio para ellos fue clave”, complementa Ramírez.

Dentro de las estrategias que catapultaron a la compañía como un referente en el cierre de brechas sociales en el país están sus programas institucionales: Renacer, que fomenta el desarrollo de jóvenes caficultores; Mujeres cafeteras, que trabaja con caficultoras en todo el país, un grupo que representa cerca del 30 por ciento del gremio en Colombia; y Plan amigo inversionista, que brinda beneficios económicos y garantiza la compra de café a accionistas que también son caficultores.

Compras inclusivas para personas en situación de vulnerabilidad, iniciativas de bienestar holístico para los colaboradores, inclusión laboral de personas con discapacidad, buena gobernanza, participación en economías circulares, aprovechamiento de residuos y conversión de restos orgánicos en abono son otras de las acciones que le concedieron a Juan Valdez el título de Empresa B.

“No importa el tamaño de la compañía ni la industria a la pertenezca: todas tienen la posibilidad de ser una Empresa B. Este movimiento cada vez necesita más aliados comprometidos con cambiar realmente la forma de hacer negocios, para generar valor, tener los mejores rendimientos financieros y simultáneamente responder a las necesidades del planeta y del país”, concluye López.

Hablamos con Juan Camilo Potes, Director de Sistema B Colombia y Felipe Chajin, CEO de Servioptica, acerca de cómo ser una empresa B puede mejorar su competitividad y por qué todas las empresas deberían tener conciencia social y ambiental.

¿Qué es una empresa B? Sencillo, es una compañía que busca constantemente soluciones para problemas sociales y ambientales. En otras palabras: una empresa comprometida con la situación mundial que busca aportar soluciones y reducir su impacto medioambiental mediante iniciativas y programas internos.

Para Felipe Chajin, director Ejecutivo de Servioptica y Country Manager para Essilor Colombia, el modelo B solo fue un vehículo para mejorar. Este laboratorio oftálmico, fundado en 1982, obtuvo su primera certificación como empresa B en septiembre de 2016. Hace unas semanas, después de la visita de B Corporation y una evaluación detallada, Servioptica se recertificó como B tras mejorar cuatro puntos en su evaluación.

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Al día de hoy, 70.000 empresas a nivel mundial hacen uso de Evaluación B para medirse y saber cómo están aportando a nivel social y del medio ambiente. Sin embargo, solo hay 2.745 empresas certificadas en el mundo y 401 de ellas están en Latinoamérica.

“Realmente como empresa privada reconocemos que no podemos dejarle los grandes problemas de la sociedad ni a los gobiernos, ni a los individuos, porque nunca va a ser suficiente. La empresa privada debe jugar un rol social más allá de generar ganancias a sus inversionistas o accionistas, y lo que nos da Sistema B es un esquema que nos ayuda a medirnos y ser mejores”, dice Chajin.

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Dentro de este modelo de empresa se destacan tres pilares: propósito, el crear impacto positivo en el ámbito social y ambiental; responsabilidad, tener como fin los intereses de la comunidad, el medio ambiente y los trabajadores; y transparencia, hacer pública la información certificada por un organismo externo en la que se evidencie el verdadero impacto de la empresa como B.

A pesar de que en Colombia la tasa de compañías que aplican a la certificación B es del 30 por ciento, este año únicamente 53 se certificaron.

Para Juan Camilo Potes, Director de Sistema B Colombia, el modelo de negocio de la empresa B no solo ayuda a solucionar problemáticas sociales y ecológicas a partir de la ampliación de los estatutos internos, sino que también logra impactar la reputación de la empresa dentro del mercado.

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Los modelos disruptivos ayudan a cada empresa en diferentes aspectos. Por ejemplo, debido al compromiso de muchas de estas compañías, y la manera como su reputación crece en el mercado, logran acceder a tasas preferenciales por parte de grandes entidades financieras.

En algunos casos europeos y a nivel latinoamericano, entre mayor es el impacto de la empresa B menor es la tasa de interés a la que accede con la banca.

A esto se le puede sumar el que las nuevas generaciones siempre buscan una empresa en la que sientan que están aportando al mundo. De esta manera la captación del mejor talento por parte de las empresas B es mayor a las demás.

En el caso de Servioptica, algunas de los resultados destacados son:

  1. Hace una década que desarrolla un programa de inclusión para personas en condición de discapacidad auditiva.
  2. En 2011 creó la Fundación Volver, en donde mediante programas de promoción, atención y tratamiento mejoraron la calidad de salud visual en comunidades vulnerables y de bajos recursos beneficiando a 120.359 personas.
  3. Utilizar únicamente bolsas biodegradables libres de ecotoxicidad.
  4. Que el ochenta por ciento de sus trabajadores sean también accionistas de la empresa.

 

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