El empowerment o empoderamiento, habla de tener el control. En un entorno laboral esto implica tener autonomía para tomar decisiones, asumir riesgos y realizar las funciones inherentes al cargo sin necesitar la presencia de un superior.

Por eso, esta habilidad optimiza la labor de los colaboradores y en consecuencia mejora el rendimiento laborar de una organización. Entonces, ¿qué pasa cuando un gerente no está empoderado? Para liderar hay que empoderarse, por esta razón en los gerentes el empowerment es una herramienta vital y si falla en el pilar, falla en toda la compañía.

De acuerdo con Acrip, un gerente empoderado es más integral y autónomono solo consigue mejores resultados, es estratégico a la hora de delegar y aprovechar el talento de sus equipos. Por eso, los beneficios para una organización de contar con una cultura del empoderamiento y un gerente empoderado son varios:

Así lo ratifica Alfonso Arteaga, Human Resources Director de Pfizer Región Andina, “Cuando el gerente es empoderado para administrar procesos de talento, mientras mantiene el enfoque en los resultados de negocio, es más integral y autónomo, de esta manera su rol tiene un mayor impacto y es más estratégico en el aprovechamiento y desarrollo de sus equipos”.

El perfil de un gerente empoderado

“Ahora más que nunca necesitamos profesionales integrales que tengan la capacidad de gerenciar cambios y proponer estrategias que le ayuden a la organización a cumplir con sus objetivos”, asegura Adriana España, Directora ejecutiva de Acrip Bogotá y Cundinamarca.

Es vital que los gerentes de hoy, sean consecuentes con los cambios sociales, las nuevas tecnologías, las tendencias del mercado e incluso la mutación del Talento Humano con la aparición de nuevas generaciones de trabajadores, entre ellas los Millenials.

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Un gerente o líder empoderado cuenta con las características y habilidades que se requieren para alcanzar el éxito en su labor y en la de su equipo de trabajo en los resultados de la compañía.

 

El poder es un concepto que parece tener la capacidad de la omnipresencia o ubicuidad. No es Dios, pero aparece en todos los espacios en los que se desenvuelve y se mueve el ser humano. La Real Academia de la Lengua Española lo certifica.

Puede encontrarse en la sociedad civil (constituyente primario), en el Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), en las creencias (espiritual), entre sectores de influencia (fáctico: iglesia, medios y banca), en las jerarquías corporativas (empresas y todo tipo de organización que tiene una cabeza única de mando), en la economía (capacidad adquisitiva de los ciudadanos), y en lo público y civil (Jefes de Estado y presidentes de instituciones sociales). Además, se ve en ámbitos como la física.

La capacidad de influir de unos sobre otros es una facultad que surgió con la constitución de la familia, las comunidades, las naciones y los imperios. Siempre han existido personas que ejercen la autoridad y personas que cumplen u obedecen. En este proceso, entre los que ostentan el mando se generan interacciones necesarias para el funcionamiento de un Estado o para el sostenimiento de un régimen de cualquier orientación política. ¿Por qué se producen las relaciones de poder en una sociedad?

“Existen por diferentes razones como, por ejemplo, la concentración de los ingresos, el control de los medios de producción, el influjo político y social, y la posesión de saberes profesionales y prestigio, en una situación que lleva a que determinados grupos sociales ostenten dominio y autoridad sobre otros sectores. Se trata de contextos que se consolidan a lo largo de procesos históricos prolongados, se legitiman y reproducen en instituciones, marcos jurídicos y discursos ideológicos.”

Así lo explica Édgar Valero Julio, sociólogo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, quien agrega que, en la actualidad, dichos nexos “coexisten, interactúan y luchan en diferentes sectores sociales y poderes: político-gubernamentales; económico-corporativos y mediático-culturales que se combinan y expresan de diferentes maneras”. Sin embargo, remarca que, en las democracias modernas, la autoridad legítima, por aceptación de los ciudadanos, es la ejercida por el poder del Estado.

De acuerdo con el académico, dichos estamentos influyen, con diverso nivel de intensidad, en el comportamiento social de cualquier persona y genera en estos distintos tipos de respuesta.

“La manera como ocurra el ordenamiento y los niveles de equilibrio de los poderes dentro de la sociedad, depende de cómo actúen las diferentes instancias de la sociedad y el Estado; los individuos desempeñando el rol ciudadanos y los grupos de interés se expresan en la esfera pública a través de asociaciones, corporaciones y partidos”, agrega el sociólogo.

Los actores

En un escenario con diversos estamentos aparece el triángulo formado por la familia, el colegio y la empresa como una fuerza con la capacidad, por ejemplo, de aglutinar y garantizar la participación de los miembros de la sociedad y los participantes en la cadena productiva en actividades extra laborales que pueden generar beneficios colectivos. Así lo plantea Mauricio Gómez, profesor asociado y director de la Escuela de Administración y Contaduría Pública de la Universidad Nacional de Colombia.

Michel Foucault estudió la forma como la fábrica y la escuela, pero también la clínica, se convierten en instituciones disciplinarias que determinan el cuerpo y la mente de los sujetos. Hoy por hoy, las organizaciones moldean las expectativas y formas de obrar de los sujetos. El poder ahora reside en conseguir el compromiso, más allá de las jornadas y espacios de la empresa, de los empleados, de los clientes y de otros vinculados”, aseguró.

Según agrega el académico, en esta dinámica “se gestiona una verdadera identidad y afinidad que termina agregando valor para la compañía. La cultura de la empresa es una extensión concreta de su poder simbólico”. Considera que en dicho proceso se generan impactos positivos y negativos, además de lograr que las unidades productivas hagan más y transformen su entorno.

Para lograrlo, la educación es la herramienta que puede usar el sector productivo. “Las empresas deben entender que el aprendizaje no solo debe focalizarse en la producción u objeto social de la firma; la empresa debe entender que los trabajadores contemporáneos persiguen también su felicidad y que, para ello, deben ser educados para estar y ser, y no solo para trabajar. Paradójicamente, ello puede incrementar la productividad”, dijo Gómez.

Explica que, en medio de una crisis estructural de los valores por la híper competencia y la focalización en resultados financieros de corto plazo, la sociedad está urgida por transformar los valores corporativos y generar procesos de aprendizaje que involucren a todos los miembros que participan en la actividad productiva.

En un planeta dinámico, cuya economía pesa cerca de USD 80 billones, según el Banco Mundial, y en el que existen países poderosos –unos pocos– y otros dependientes de los primeros –la mayoría–, el poder se constituye en una facultad que puede transformar la sociedad, y la empresa puede lograrlo sabiendo cómo manejarlo y formar a sus empleados.

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