A través del e-learning, Atento, la multinacional de BPO y contact center, les permite a sus colaboradores formarse para que su perfil profesional sea cada vez más completo.

La iniciativa, llamada Academia Atento, surgió como un modo de cumplir el objetivo organizacional de ser un referente global, diferenciarse en el mercado, desarrollar el recurso humano y ofrecer la mejor calidad de servicio. Se materializó en un programa corporativo transversal a distintas jerarquías de la compañía: una plataforma virtual en la que pueden capacitarse los colaboradores que están entre los niveles operativos y los mandos medios.

A través de ella, Atento —que cuenta con presencia en países como Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Guatemala, México, Estados Unidos y España y que, en 2016, fue catalogada como una de las 25 mejores empresas para trabajar en el mundo de acuerdo al ranking Great Place To Work— se comunica con sus empleados y los instruye en tres fases diferenciadas: Bienvenida Atento, Reinducción corporativa y Programas semilleros.

En el primer escenario, “se asegura que el 100 por ciento de los colaboradores que ingresan a Atento, tengan una inducción completa. Es decir, que conozcan nuestras políticas, la reglamentación local —como en temas de seguridad y salud en el trabajo— y las herramientas propias de su trabajo”, explica Pilar Patiño, quien desde hace cinco años se desempeña como directora de Recursos Humanos de Atento Colombia.

En el segundo escenario, la Reinducción corporativa, básicamente se busca que los empleados antiguos se actualicen en temas de normatividad y aprendan el manejo de nuevos elementos y de coyunturas importantes, como el que se vive actualmente con las infecciones respiratorias agudas.

Probablemente, la mayor apuesta de Atento sea el tercer escenario: los Programas semilleros. Se trata de un plan de escalada en el que las personas pueden autodesarrollarse para alcanzar cargos superiores en la organización y fortalecer su perfil profesional. La formación académica se da en tres frentes complementarios —ser, saber y hacer— y se culmina con un periodo de práctica del rol deseado. De este modo, cuando se abre una vacante para dicho puesto, las personas que han cumplido con su ciclo de aprendizaje son ascendidos automáticamente en un proceso de selección interno.

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“El año pasado, los resultados hablaron por sí mismos: el 93 por ciento de los cargos fueron asignados a través del programa de semillero”, asegura la directora, quien cuenta con 15 años de experiencia profesional en contact center y BPO. Lo anterior, además de priorizar el talento interno y permitir que se desarrolle plenamente, tiene impacto directo en la optimización del tiempo para el área de Recursos Humanos: “No tuvimos que hacer un proceso de selección externo, ni tampoco uno interno porque ya estaba disponible este banco de candidatos idóneos”, agrega.

Este programa es posible únicamente gracias a los propios colaboradores internos: está pensado para ellos y existe gracias a ellos. Formar a alguien con un perfil ideal para un cargo determinado exige conocer qué se espera de esa persona; y son los mismos trabajadores y supervisores quienes se encargan de decidir cuáles habilidades deben enseñarse para que su nuevo subalterno realmente cumpla con las expectativas. Sin esa información vital, la academia y la práctica podrían ir en contravía.

Además, la plataforma permite detectar las necesidades de capacitación: tras identificar a los colaboradores que tienen oportunidades de reforzar habilidades blandas y de comunicación, estos ingresan a programas de ventas, de servicio al cliente y de giros lingüísticos. Gracias a esto, las enseñanzas sobrepasan lo estrictamente profesional para impactar incluso en lo personal: “Me capacitaron en orientación al resultado, influencia en las personas, oratoria, comunicación persuasiva y asertiva, inteligencia emocional y planificación del tiempo”, asegura David Bernal Ruiz, coordinador de formación en Atento y uno de los beneficiarios del semillero en Colombia, sede que cuenta con aproximadamente 10.000 colaboradores.

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“Creo que el mejor regalo que podemos hacer a nuestros colaboradores es formarlos y desarrollarlos con nuestros valores de integridad, pasión, confianza y compromiso”, dice Pilar, quien espera que el programa se potencialice localmente y se lleve a nivel de academia formal por medio de alianzas con universidades certificadas.

Un compromiso interno

El bienestar de sus colaboradores, que en su mayoría tienen entre 19 y 26 años de edad, está en el corazón de la operación de Atento. Por eso, además de capacitarlos en la Academia Atento, la compañía cuenta con dos líneas de acción que buscan mejorar las condiciones de su talento humano: el programa de género y el programa de calidad de vida.

El primero se materializa por medio de tres rutas: AIMA —Atención Integral a la Mujer Atento—, que trata casos de violencia de género y cuenta con el apoyo de la Secretaría de la Mujer como aliada estratégica; Atento Diverso, que acompaña a los trabajadores LGTBI; y Masculinidades, la última apuesta de la empresa.

En cuanto a la calidad de vida de los trabajadores, hay dos iniciativas que buscan mejorarla: Pilos Atento —en la que se facilita la formación académica profesional de los colaboradores a través de alianzas con distintas universidades— y Atento a tu techo, que busca que el personal pueda hacerse a una vivienda propia.

La apuesta por Colombia

Adicional a sus estrategias internas, el compromiso de la empresa con la mejora constante de la sociedad que la rodea se evidencia en proyectos como la inclusión laboral responsable. “Hemos sido ejemplo y recibido más de tres reconocimientos por primer empleo y por incluir en nuestro equipo a colaboradores en situación de discapacidad cognitiva”, explica Pilar.

En el último año, por ejemplo, se vincularon a Atento cinco personas provenientes del programa Ágora, de Inclusión laboral para personas con discapacidad visual, del Sena. En total, en la compañía hay más de 25 trabajadores que presentan algún tipo de limitante física o intelectual.

Sin embargo, es un número que la compañía espera ampliar a través del trabajo mancomunado con fundaciones como Arcángeles o la Matamoros. “Contratamos a más de 700 personas al mes y creemos que en ese sentido tenemos una oportunidad muy grande de aportar al país”, asegura la directora. Por eso, la compañía también tiene como objetivo aumentar su cuota de afrodescendientes y miembros de la comunidad LGTBI por medio de alianzas con Gente Estratégica, Usaid y la Secretaría de Empleo.

Los líderes deben prepararse para afrontar un ambiente laboral cada vez más exigente y automatizado. Para responder a las demandas de ese entorno, la educación también está tomando nuevos rumbos.

Los cuestionamientos sobre el impacto que tendrá la tecnología en diversos gremios son cada vez más frecuentes. Las dudas son fundamentadas si se toman en cuenta casos como el de The Changying Precision Technology Company, una fábrica china de teléfonos móviles, que en 2017 reemplazó el 90% de sus colaboradores por robots y obtuvo un aumento de 250 puntos porcentuales en su productividad mientras que los defectos de sus celulares disminuyeron en un 15%.

Algunos estudios refuerzan la idea de que en el futuro muchos trabajos se volverán obsoletos o serán ejecutados por máquinas y algoritmos. En septiembre del año pasado, el Foro Económico Mundial publicó el reporte The Future of Jobs, en el que se concluye que para 2022, 75 millones de empleos serán desplazados y el 42% de horas trabajadas en el mundo corresponderán a labores realizadas por algún tipo de autómata.

Tan solo tres años después, en 2025, se prevé que únicamente el 48% de horas trabajadas estarán en manos humanas. El informe también da luces sobre qué medidas tomar al respecto: todas las personas requerirán contar con 101 días de aprendizaje y capacitación extra para desempeñar sus funciones.

¿Cómo satisfacer las necesidades de un ambiente profesional semejante? ¿Qué competencias son indispensables para destacarse? ¿Qué se debe aprender para liderar y hacer aportes irreemplazables? ¿Cómo prepararse para ser competitivo frente a los cambios que aún no llegan totalmente? El papel de la educación en estas cuestiones es neurálgico y transversal a todos los oficios. A un mercado nunca antes visto —con una presencia aumentada de inteligencia artificial, robótica, realidad virtual y machine learning—, la educación responde, también, con escenarios novedosos y nuevas versiones de sí misma.

Métodos de casos y restos empresariales

National Case Competition es una iniciativa organizada por y para estudiantes de carreras como administración de empresas, negocios, economía, contaduría e ingeniería industrial. Surgió en la Universidad de los Andes, en 2017, como un evento que busca vincular la teoría académica con situaciones del mercado laboral y congregar buena parte del alumnado nacional en los pregrados mencionados, empresarios del sector y consultoras líderes, incluyendo las Big Four: Deloitte, PricewaterhouseCoopers, KPMG y Ernst & Young.

“Es un concurso con dos grandes componentes: el primero es la solución de casos teóricos y el segundo es trabajar con un reto que alguna compañía tenga actualmente”, explica David Bravo, fundador y director de las dos versiones realizadas. Lo anterior se traduce en una aproximación doble que permite a los estudiantes partir de la apropiación metodológica, inculcada en el programa universitario, para aplicarla en un ambiente netamente corporativo, en el que es clave conocer la percepción del cliente y los usuarios, los niveles de estrés manejados, la diversa oferta empresarial, lo que está haciendo la competencia y las tendencias del sector.

“Entran en juego muchos conceptos prioritarios que en la formación académica tradicional pueden no ser tan evidentes o fuertes. Se piensa en soluciones atractivas mientras se crea una conciencia de que lo aprendido en la universidad no se aplica exactamente en el mundo laboral, pero sí ayuda a descubrir qué es realizable en él”, complementa Bravo. Aprender estudiando casos de la vida real no es una metodología exclusiva del National Case Competition. De hecho, es una técnica pedagógica originada en Harvard Business School, aproximadamente en 1914, que se centra en el alumno para que desde su experiencia vivencial, y no puramente teórica, piense en el mundo real y plantee soluciones a sus problemáticas.

Industrial Consulting fue el equipo ganador del primer puesto del NCC 2019. Foto: cortesía National Case Competition.

Sin embargo, el NCC va más allá al evaluar y fomentar habilidades blandas y sociales: trabajo en equipo, creatividad, comunicación interpersonal, capacidad de análisis, solución de problemas, toma de decisiones, pensamiento crítico. Algo vital ya que, según el informe del Foro Económico Mundial citado previamente, estas son las capacidades más importantes que demandará el mercado laboral para el próximo año. “Son fundamentales para un mundo automatizado, en el que disminuyen las tareas operativas, pero no el raciocino de las personas que lo conforman”, concluye David.

Para Omar Pantaleón, parte del grupo ganador del primer NCC y representante de la Universidad Nacional, los aportes del concurso en términos de estas destrezas son considerables y constituyen un factor diferenciador frente a otros colegas. “Fomenta la cooperación por la victoria, el reconocimiento de las fortalezas de cada miembro del equipo y la forma de engranarlas con las ajenas; genera espacios para interactuar con otras personas y contextos, y fortalece la habilidad de trabajar bajo presión”, asegura.

Al final del certamen, en el que se participa en grupos de cuatro estudiantes, el equipo ganador es aquel capaz de identificar, analizar, solucionar y comunicar las problemáticas planteadas de una manera idónea y realista. ¿La recompensa? Realizar las prácticas profesionales en una de las consultoras presentes en el programa.

Aprendizaje equitativo basado en pares

De acuerdo con las estadísticas de Fedesoft —Federación Colombiana de la Industria de Software y TI— y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, el déficit actual de profesionales de tecnología ronda las 70.000 personas, siendo superior a 50.000 en el caso concreto de los desarrolladores de software. En Estados Unidos la cifra es mayor: hacen falta más de medio millón de programadores para suplir las vacantes laborales del rubro.

Para potenciar la formación académica de desarrolladores y cerrar la brecha existente en el sector, este año llegaron a Colombia los dos primeros campus internacionales de Holberton School, una academia de software full stack —es decir que forma programadores senior— fundada en 2015, cuya sede principal se encuentra en Silicon Valley. La mayor parte de sus egresados trabaja con empresas de talla mundial: LinkedIn, Google, Apple, Dropbox, Tesla, Pinterest, Facebook y la Nasa, por ejemplo.

El pénsum tiene una duración de dos años distribuidos en tres etapas: nueve meses de formación presencial, seguidos de una pasantía laboral de un semestre y otros nueve meses cursando una de las cinco especializaciones disponibles. Según Jessica Mercedes, directora para América Latina de Holberton School, el aprendizaje empieza desde la misma postulación, que se realiza a través de la página web y que no exige conocimientos previos en el campo: “Es un método que cambia vidas. Desde el primer momento genera curiosidad, fomenta la investigación para cumplir con la prueba de admisión y demanda que los estudiantes cambien el chip para pensar en inglés”, afirma.

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Las ventajas del bilingüismo en el sistema educativo no son un secreto. Además de suplir la exigencia de dominar el idioma en un mercado angloparlante, según el Foro Económico Mundial hablar una segunda lengua está estrechamente ligado al desarrollo de la Flexibilidad Cognitiva, una de las habilidades que la entidad reconoce como imperante a partir de 2020, y que define como “la capacidad de cambiar rápidamente de una tarea a otra, o de dominar múltiples conceptos al mismo tiempo. Una persona que es cognitivamente flexible es capaz de aprender más rápido, de combinar varios insumos para producir un producto original y de reaccionar a las nuevas situaciones más eficazmente”.

De este modo, más que formar ingenieros bilingües, Holberton educa profesionales con capacidades que se ajusten a las exigencias reales de la industria. Para hacerlo, se aleja de las clases magistrales en las que un docente habla durante horas y el conocimiento fluye unidireccionalmente. La educación basada en pares tiene un objetivo contrario: “es un ambiente de aprendizaje basado en proyectos, que lleva a los estudiantes a trabajar de manera efectiva en grupos, a articular ideas, mejorar su oratoria y pensar diferente de manera no convencional. Habilidades que los empleadores valoran y recompensan ampliamente”, dice Natalia Visbal, magíster en Educación de Buffalo State University y encargada de realizar las negociaciones entre la Fundación Rappi —uno de los patrocinadores principales del proyecto— y Holberton School.

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El foco puesto en la colaboración y el intercambio de conocimiento se refleja en dinámicas como los días de trabajo en grupo, en el que los estudiantes llevan sus proyectos individuales terminados para discutirlos, debatirlos y compararlos con sus compañeros. Al final de la jornada, y antes de presentarse al mentor, se han hecho mejoras significativas entre todos los estudiantes y se obtiene un producto de calidad superior.

Además, la propuesta de la institución pone fin a los problemas de financiación que pueden impedir acceder al mundo educativo. “Lo más interesante es que el alumno solo paga cuando haya conseguido un trabajo con ingresos superiores y tenga una posición privilegiada, lo cual rompe con los esquemas de la educación tradicional”, asegura la directora, quien considera que en el futuro será necesario para todos saber programar, o como mínimo conocer a fondo el entorno tecnológico.

Una vez el salario del programador supere los tres millones de pesos, este debe contribuir con el 17% de su ingreso durante 42 meses a la academia. Si los ingresos del ingeniero son superiores —el sueldo promedio en Colombia para un programador full stack especializado y bilingüe es de 12 millones de pesos—, el monto máximo por pagar es de 75 millones. En el caso poco probable de no ubicarse en una plaza laboral con estas remuneraciones, el paso por Holberton es gratis.

Calidad sin profesores, sin clases y sin pago

École 42 es, quizás, la institución académica más revolucionaria del mundo. Se trata de una universidad para programadores gratuita, que no exige ningún título educativo previo para entrar, ni siquiera el bachillerato, y que está abierta al público las 24 horas del día, los siete días de la semana, adaptándose a las necesidades del alumno y no al sentido contrario. Para ser admitido el único requisito es tener más de 18 años y aprobar la fase inicial de pruebas, que dura cuatro semanas, y se conoce como ‘la piscina’.

La escuela —fundada en París, en 2013, por el magnate francés de las telecomunicaciones Xavier Neil y el informático Nicolás Sadirac— plantea un modelo pedagógico similar al de Holberton: aprendizaje de igual a igual basado en proyectos y colaboraciones participativas. Sin embargo, da un paso más hacia la vanguardia al eliminar tutores, horarios y clases, y al incluir en su estrategia la gamificación, aprendizaje por medio de juegos.

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Cuando un estudiante decide ir, se encuentra con un centro tecnológico de más de 4.000 metros cuadrados, 300 computadores Apple en cada dependencia, un anfiteatro, una sala de videojuegos, un foodtruck y hasta un bar. Todo dispuesto a su servicio y haciendo un llamado a su autonomía para buscar respuestas por sí mismos y con la ayuda de sus colegas. El esquema es sencillo: los estudiantes acceden a un juego que propone desafíos de programación que deben ir completando para avanzar hasta culminar 21 niveles y lograr graduarse.

Hasta ahora, la escuela tiene dos sedes internacionales: la de París, que alberga cerca de 3.000 alumnos, y la de Silicon Valley, que según los cálculos del instituto albergará hasta 10.000 en los próximos años. El año pasado, en el marco del foro ‘La educación en la era de la transformación digital’, realizado por la Universidad Nacional, Colombia recibió la visita de Sadirac y se hizo pública la intención de replicar este exitoso formato en el país. De suceder, se daría un paso más en la democratización de la educación al implementar un modelo que, de acuerdo con cálculos presentados por el diario El País de España, acoge en su estudiantado a un 40% de pupilos que no terminaron su formación escolar básica.

La llamada Cuarta Revolución Industrial (4IR) ha tocado profundamente la estructura y el funcionamiento de la universidad tal como se conoce. Hablan expertos del sector.

El profesor italiano Nuccio Ordine hizo una pequeña revolución en la manera de entender la educación con su manifiesto La utilidad de lo inútil, publicado en 2013. Entre otras cosas, el académico defendía la felicidad de aprender y estudiar sin condicionarse por la utilidad del conocimiento.

En una entrevista con el diario El País, Ordine dijo lo siguiente: “El mercado te exige hoy una cosa que en 6 años ya es válida. Las profesiones y los oficios nacen y desaparecen a toda velocidad. Pero en la enseñanza y el aprendizaje en profundidad, los plazos son de 20 o 25 años. ¿Y cómo vas a aplicarle a la enseñanza una lógica de mercado si a los 25 años absolutamente todo habrá cambiado?”.

Estas palabras son perfectas para pensar en la utilidad de la universidad en el presente. Un tema que es necesario analizar a la luz de algunas percepciones que indican que, en los últimos años, se ha disminuido el número de estudiantes matriculados en estas instituciones.

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“Estos datos hay que analizarlos desde diferentes factores”, dice el rector de la Universidad de la Sabana y presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún), Obdulio Velásquez Posada. Por ejemplo, “hay que tener en cuenta la transformación de la llamada 4RI, que pronostica rupturas en los modelos económicos y de negocios como se han conocido hasta ahora, y elementos como la automatización que desplazará muchos oficios”.

Rupturas que, desde luego, ya ocurren y suceden aceleradamente, como lo plantea Ordine en la cita inicial, y tocan profundamente la estructura y el funcionamiento de la universidad tal como se conoció durante el siglo XX.

Ahora, que bajen las matrículas en una universidad, la misma que esperaba otro número de matriculados, provoca reflexiones dentro de esa institución que también deben plantearse a nivel general, de país, cómo comprender mejor la situación actual de la educación superior. En ese sentido, la primera pregunta que surge es: ¿la universidad, teniendo en cuenta la velocidad en los cambios industriales actuales, siguen siendo una opción pertinente para muchos jóvenes?

Esto pensando en experiencias como Silicon Valley, en California, que concentra una gran parte de la industria tecnológica. Un lugar donde —como lo planteó el director del Sena, Carlos Mario Estrada, durante la pasada Cumbre Líderes por la Educación 2018—importa más el saber que tiene una persona, que sus diplomas; por lo que, según sus palabras, es urgente “realizar una profunda reflexión para ver dónde nos enfocamos: en el cartón o en el conocimiento”.

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“Realmente se ha venido dando alguna disminución”, dice Carlos Felipe Londoño, rector de la Universidad EIA, en Medellín. Pero, aclara, “hay muchas lecturas que deben hacerse”. La primera, y la más evidente, es que hay más ofertas en el mercado que hace unas décadas, razón por la que algunas universidades privadas experimentan estas reducción en sus matrículas.

Otra lectura, como lo dice el rector de La Sabana, es analizar el aspecto demográfico: “Sí, hay programas en los que esperabas cierto número y llegó otro, pero pueden ser cambios piramidales poblacionales. Nacen menos niños, y eso sí va a ser un impacto definitivo. Va a ver menos jóvenes en el futuro”. Y este factor, según el rector de la EIA, sí es fundamental para las universidades privadas, porque teniendo en cuenta los estratos que ingresan a ellas (4, 5 y 6) son grupos poblacionales que cada vez tienen menos hijos. Además, estas familias ahora consideran “oportunidades en otros países para la formación profesional. Por lo que ya no tenemos una competencia local sino global”.

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Por otro lado, para Francisco Piedrahíta Plata, rector de la Universidad Icesi, de Cali, el tema demográfico no es fundamental para la reducción en las matrículas dentro de las universidades privadas que ha ocurrido en el último año. Aunque pueden existir muchos factores, dice, que están estudiando desde la universidad, hay dos muy importantes que posiblemente están influyendo.

“Factor uno, muy obvio, es Ser Pilo Paga. Después de que el Gobierno le puso cupos a las universidades privadas, la población se cayó en una tercera parte. Y este año también se complicó por un problema de datos, por lo que a la fecha más o menos 40% de los beneficiarios de Generación E no se pudieron matricular y quedaron para el segundo semestre. Y el otro problema, más delicado, es el del Icetex, porque el Gobierno pasado lo maltrató, y en este momento tiene un problema de imagen muy serio y el nuevo Gobierno está luchando con eso. En la primera década de este siglo, Icetex experimentó una transformación valiosísima que facilitó el acceso al crédito y disminuyó sus costos. Pero en los últimos años eso tuvo problemas porque se cambiaron las reglas de juego, las tasas de interés. No conozco el problema a fondo, pero sí hay un problema de imagen y la gente ya no ve esa institución como una opción. Un factor que nos afecta a nosotros”.

Estos factores juegan y afectan de diferentes maneras en cada institución. Y, por supuesto, plantean retos distintos. Por ejemplo, todas las instituciones deben preguntarse por la extensión de las carreras, que en países como Estados Unidos ya se vienen replanteando, o en el caso de algunos europeos, como Polonia, que redujo a cuatro años la formación universitaria.

Y aceptar que “el mundo cambia, el mundo no es igual, los jóvenes de hoy no son iguales a los de hace 20 años. Y que actualmente hay creencias que plantean que no hay que ir a la universidad y que esta se puede suplir por formaciones más rápidas, de menos rigor. Aunque creo que no es el factor más alto relacionado con la reducción de las matrículas”, en palabras del rector de la EIA. Sin embargo, “las universidades tenemos que dar respuestas a esos jóvenes que no van a tener oportunidad de esperar a estudiar cinco años, para que tengan una vida profesional promisoria”.

Según Velásquez, presidente de Ascún, en la actualidad existe una mayor consciencia de que “se pueden hacer carreras técnicas y tecnológicas que ofrecen igualmente un desarrollo laboral interesante. El Sena, por ejemplo, no tenía un gran atractivo hace décadas pero hoy sí lo tiene, con casi un millón de jóvenes matriculados”.

Una población estudiantil que va en aumento, y que parece ser una opción pertinente para un mundo cada vez más tecnológico. Y esta quizá sea una de las razones por las que en países desarrollados este tipo de formación sea el más buscado, diferente a la proporción colombiana. Por ejemplo, en Australia 65% de los jóvenes prefiere ir a los institutos tecnológicos a aprender artes y oficios, y solo el 35% sigue una carrera universitaria.

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A pesar de este panorama, hay algo cierto: la población universitaria en Colombia ha venido en aumento. Si en el año 2000 solo 22 o 23% de los bachilleres ingresaron a una institución de educación superior, hoy lo hace 57%. Sin embargo, muchas cosas han cambiado en estas casi dos décadas, cambios que en otros tiempos necesitaban siglos.

La explosión digital ha transformado casi todos los sectores de servicios y de producción, lo que ha abierto nuevas perspectivas de formación y trabajo a las nuevas generaciones. La universidad, como lo plantea Obdulio Velásquez, no pierde su vigencia, pero sí deberá transformarse dentro de “una sociedad altamente tecnologizada donde lo más valioso va a ser lo humano. Las humanidades van a ser muy importantes. Por ejemplo, con la naturaleza, para entender qué es, reflexionar sobre el medioambiente, el cambio temático, el hombre. Se van a necesitar personas que sepan reflexionar más allá de los procesos técnicos”.

En definitiva, es probable que no estemos ante una transformación profunda de la idea de universidad, pero sí ante una época en la que a esta institución centenaria se la exigirá cambios rápidos y efectivos ante las innovaciones del mundo. Lo que le supondrá reevaluar tiempos de estudio y ofertas. Y comprender que existe una nueva generación expuesta a una estimulación constante de información que aprende de manera acelerada muchos procesos técnicos; y en este sentido, es posible que deba adecuar metodologías para brindar formaciones rápidas, muy especializadas.

Pero que estará llamada, más que nunca, a ampliar y profundizar en las habilidades blandas, que parecen un gran valor laboral en este siglo que corre (aquellas que le permiten a una persona destacarse de otra, como pensamiento crítico, sentido común, sentido del humor, trabajo en equipo, creatividad, organización y buena comunicación). Características en que solo las humanidades pueden tener un rol importantísimo, con una educación profunda, como Ordine y otros humanistas lo adviertenUn campo donde probablemente estará la gran diferencia de la universidad con respecto a otras instituciones. Donde reside y residirá su potencial presente y futuro.

El proyecto SENA Emprende Rural nació como un programa que trabaja de la mano de los campesinos colombianos en la gestión de iniciativas productivas desde la capacitación.

Esta iniciativa ha llegado a los 32 departamentos del país impactando desde la formación académica el sector agrícola, pecuario, agroindustrial, forestal, turístico, ambiental y servicios asociados.

El programa ha sido promotor del valor compartido como modelo de negocio para fomentar la sostenibilidad de la vida en el campo, el desarrollo alrededor de la empresa rural y el fortalecimiento de los ingresos de las familias.

En Xposible, reconocemos al programa ‘Sena Emprende Rural’ por llevar la semilla del emprendimiento y la equidad a los lugares más apartados de Colombia.

La Universidad de Los Andes creó el programa Quiero Estudiar, una iniciativa que favorece a los mejores estudiantes egresados de bachillerato alrededor del país para brindarles la oportunidad de ingresar a la universidad y cursar una carrera que les permita mejorar sus opciones para crecer personal y profesionalmente.

Quiero Estudiar, una oportunidad para el país

De acuerdo con Pablo Navas, rector de la Universidad Los Andes, “la mejor inversión que puede hacer una sociedad es tomar a los mejores estudiantes que terminaron el bachillerato para ingresarlos a la universidad”.

Para Navas, es posible desarrollar iniciativas como Quiero Estudiar cuando se tiene el apoyo de empresas como Colsubsidio, que apoyan a los nuevos profesionales financiando su carrera universitaria, mientras que se vuelven productivos para retribuir al programa.

El compromiso de esta institución para apoyar la formación de profesionales fortalece el vínculo entre los egresados del programa y la universidad, haciendo que estos profesionales retribuyan el 20% de sus ingresos al programa, garantizando sus sostenimiento para llegar a más jóvenes.

Sergio Velázquez, estudiante de la Maestría en Ingeniería de Software de los Andes, es uno de los beneficiados de este proyecto; desde su experiencia cuenta que “la idea del programa es brindarles a los mejores estudiantes que no tienen los recursos para estudiar en la universidad, darles un apoyo financiero durante su carrera”.

La Universidad de los Andes es hoy una de las instituciones de educación superior que financia solidariamente el desarrollo de los mejores estudiantes del país, beneficiando a más de 800 estudiantes y graduando a 700 profesionales de todo el país.

El programa Quiero Estudiar involucra el valor compartido desde la educación permitiendo la formación de personas que aportan a la productividad y desarrollo de la región.

La empresa de telefonía y comunicaciones Claro por Colombia creó el programa Capacítate para el empleo, una plataforma virtual que ofrece cursos gratuitos a toda la población interesada en formarse para abrir su campo laboral.

Esta iniciativa hace parte de la estrategia de valor compartido de la compañía como un esfuerzo para promover el desarrollo, calidad de vida y progreso económico del país de la mano de la educación.

Santiago Pardo, director de Relaciones de Sostenibilidad de Claro, define esta plataforma como “un espacio virtual donde todas las personas, sin costo alguno y sin necesidad de acreditar ningún requisito previo, pueden realizar cursos y desarrollar habilidades para mejorar sus oportunidades de empleabilidad”.

Oferta académica al servicio de la gente

Con más de 200 cursos virtuales, Capacítate para el empleo, cuenta con 190 mil usuarios activos en Colombia, más de 8 millones de personas inscritas y más de 3 millones de estudiantes en 194 países.

Además de ofrecer educación al alcance de todos, este modelo educativo cuenta con una Bolsa de empleo asociada con 54 empresas y 22.424 personas contratadas.

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Los cursos de formación que ofrece Claro por Colombia incluyen áreas de aprendizaje como agricultura, comercio, construcción, moda, tecnología, salud, turismo, servicio al cliente, transporte, energía, minería, alimentos, industria y administración.

Personas beneficiadas como Brayan Quintero, Técnico de Instalación de HFC (fibra óptica), cuentan el impacto que tuvo en su vida esta plataforma: “en el momento que decidí aprender y capacitarme se me abrieron más oportunidades. Me di cuenta que me gusta estudiar y en esta plataforma nos dan la posibilidad de iniciar nuestro propio negocio, incluso, ser nuestro propio jefe”.

El impacto de este modelo educativo se resume en el desarrollo de cursos que se adaptan a las afinidades de las personas y en mejoras tangibles de empleabilidad para aquellos que quieren iniciar su vida laboral o emprender.

Es así como Claro por Colombia y Capacítate para el empleo demuestra que es posible generar cambios y transformación social en el país con herramientas como la tecnología y la educación.

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