La ciudad será sede de la nueva megafábrica de Tesla, que se suma a las más de 120 empresas del sector de la innovación y la tecnología que han anunciado en el último año reubicaciones y expansiones en Austin y sus alrededores. 

Silicon Valley, al sur de la ciudad de San Francisco, es la meca tecnológica del mundo. Hoy alberga 2.000 organizaciones líderes en el sector de la tecnología y la innovación como Google, Apple y Oracle. Y aunque es un referente, otras ciudades le están haciendo competencia. 

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Una de ellas es Austin, la capital de Texas, que en el 2020 lideró el ranking ‘Tech Town’, realizado por ComTia, la Asociación de la Industria de Tecnología de la Computación. “La ciudad ocupa por segundo año consecutivo el primer puesto, subiendo del número 3 en 2018. Ese año informamos 46 traslados de empresas de tecnología a Austin. En 2019, ese número aumentó a 58, según la Cámara de Comercio de Austin, lo que se tradujo en 4.648 nuevos puestos de trabajo. Esos números se alinean con los hallazgos de CompTIA, que muestran 68.323 trabajos de TI publicados entre agosto de 2019 y julio de 2020, un aumento de más de 19.000 con respecto al año pasado”, indicó el reporte.

De acuerdo con la Cámara de Comercio de Austin, 6.500 startups y compañías de tecnología tienen base en la ciudad, y en los últimos años empresas del tamaño de Google, Facebook y Oracle abrieron oficinas allí. De hecho, esta última trasladó su planta en Silicon Valley a Texas en el último año, al igual que HP Enterprise. Por su parte, Tesla, líder en fabricación de vehículos eléctricos, anunció recientemente la compra de un terreno a las afueras de Austin, donde construirá su nueva megafábrica y generará alrededor de 5.000 empleos. 

Apple también encontró en la ciudad un centro de desarrollo, y en 2019 reveló que esta será la sede de su nuevo campus, donde se fabricarán los computadores Mac Pro. “Construir el dispositivo más poderoso de Apple hasta la fecha en Austin es tanto un motivo de orgullo como un testimonio del poder perdurable del ingenio estadounidense”, expresó Tim Cook, CEO de Apple. 

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Además, en el último año, 120 compañías del sector han anunciado reubicaciones y expansiones en la ciudad y sus alrededores. 

Gracias a este auge, la capital de Texas ha sido apodada ‘Silicon Hills’. Pero, ¿qué hay detrás del posicionamiento de esta región como centro de innovación?

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10 en calidad de vida

Austin se destaca por la calidad de vida que ofrece a sus ciudadanos. De hecho, fue escogida como la mejor ciudad para vivir en 2019 en el ranking anual que hace US News & Report debido a sus buenas calificaciones por ingresos, costo de vida, ambiente social y oferta cultural, entre otros. 

A esto se suma que Texas es uno de los pocos estados del país que no tiene impuesto sobre la renta de las personas físicas y tampoco tiene impuesto de sociedades. Por eso, los impuestos locales y estatales son 18 por ciento más bajos que los de la media nacional. Este, por supuesto, es un gran atractivo para las empresas que deciden asentarse allí.

Apoyo a la innovación

El crecimiento de los ecosistemas de innovación no es posible sin una red de apoyo integrada por la comunidad, el Estado y las empresas. Austin cuenta con varias organizaciones que soportan y promueven la creatividad, el intercambio de experiencias y el crecimiento económico. 

Por ejemplo, desde 1987 la ciudad es sede del Festival South by Southwest (SXSW), que se celebra durante la primavera y, a través de diferentes eventos, como conferencias, charlas y exhibiciones, busca fortalecer la industria musical, cinematográfica y de medios interactivos del sur del país. En la última década ha integrado otras temáticas a su agenda anual, como el SXSW Edu, un programa enfocado en la innovación educativa; y el SXSW Eco, que contiene una agenda de análisis sobre impacto medioambiental. 

También cuenta con el Austin Technology Council, una organización conformada por 250 miembros, entre los que se encuentran empresas como Amazon, eBay e Intel. El propósito de esta unión, que nació en 1992, es fomentar la colaboración, el networking y la transferencia de conocimiento, permitiendo, por medio de mentorías, encuentros y conferencias, el desarrollo de pequeños, medianos y grandes empresarios.

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Hub de transformación

En 2017 se inauguró el Capital City Innovation, el distrito de innovación de Austin que nació de una alianza entre Ascention Seton, Central Health y la Universidad de Texas. El objetivo de esta organización sin ánimo de lucro es generar una sinergia entre las diferentes startups e individuos interesados en innovar desde sus campos de acción. 

Hoy, más de 230 compañías hacen parte de este distrito, la mayoría de ellas con un fuerte enfoque en innovación en salud, pues uno de los grandes propósitos de este proyecto es generar soluciones que contribuyan a mejorar la calidad de los servicios de salud locales y, a largo plazo, nacionales. 

Para lograrlo, la participación de la academia es fundamental. Por eso dentro del hub ya se encuentran la escuela de medicina de la Universidad de Texas y el Dell Seton Medical Center.

En menos de 30 años, Shanghái pasó de ser un puerto dedicado a la agricultura y a las artesanías a ser considerada la capital financiera de China y referente mundial en innovación. ¿Cuál ha sido su fórmula?

Una de las postales más famosas de Shanghái es la del conjunto de rascacielos del área de Pudong, el distrito financiero de la ciudad, que yace a orillas del río Huangpu. Hace tan solo un par de décadas, esa imagen futurista e icónica no existía. De hecho, es fácil encontrar en internet una fotografía de esa zona en 1990, donde solo sobresalen un par de edificios altos.

“Desde la apertura liderada por Deng Xiao Ping, a finales de la década de los setenta, una de las grandes preocupaciones de la población china ha sido crecer productivamente. Hoy, China está muy cerca de convertirse en la primera potencia económica mundial”, explica Juvenal Infante, director del Centro de Estudios de Asia-Pacífico y del Programa de Misiones a China de la Universidad Sergio Arboleda.

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Solo el área de Pudong atrajo unos 39.2 billones de dólares en inversión extranjera directa  entre 2003 y 2015, lo que representó una tercera parte de lo recibido en total por Shanghái en ese periodo, de acuerdo con Yun Chung Chen, profesor de la Universidad de Lingnan de Hong Kong, en su artículo Changing the Shanghai Innovation Systems. 

Del impresionante caso de Shanghái, Chung Chen destaca algunos puntos claves de la modernización de la ciudad:

  1. Políticas y legislación que incentivaron la expansión del capital extranjero. 
  2. Una agresiva preocupación por la modernización de la infraestructura.
  3. Incentivos gubernamentales (como contar con los mismos beneficios de empresas locales) para que tanto empresas chinas como extranjeras abrieran sus sedes en la ciudad.
  4. El gobierno ha alentado y cooperado con las multinacionales para que incursionen en los sectores de tecnología y energía.
  5. La entrada de la ciudad, en 1988, a la World Trade Centers Association hizo que buscara convertirse en un centro industrial y de negocios. 

Hoy, sin duda, Shanghái es el ejemplo perfecto de la transformación por la que ha atravesado el país asiático, gracias a la combinación de políticas gubernamentales que incentivaron la innovación en diversos frentes y la acogida del sector privado, que encontró en esa ciudad un lugar estratégico para innovar y crecer.

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Estos son algunos ámbitos que hoy consolidan a esta ciudad del este chino como uno de los referentes de transformación tecnológica.

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Una ciudad inteligente

A mediados de noviembre, Shanghái fue elegida como la Smart City 2020 por el World Smart City Award. El jurado del certamen decidió premiarla por su plan ‘Ciudad inteligente orientada al ciudadano 2016-2020’, que estuvo enfocado, entre otras cosas, en “hacer un despliegue de infraestructura digital, fortalecer los servicios electrónicos del gobierno e integrar tecnologías de la información a la industria”. 

Uno de los logros más significativos de ese despliegue es que logró una cobertura completa de internet 5G en el centro urbano y una cobertura de fibra gigabit (un tipo de conexión a internet de alta velocidad) de un 99 por ciento en toda la ciudad.

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Un lugar para innovar en ciencia y tecnología

De acuerdo con la encuesta realizada en 2017 por la consultora KPMG a 841 ejecutivos de la industria de alta tecnología de todo el mundo, Shanghái es la primera candidata a reemplazar el Silicon Valley, por encima de ciudades como Nueva York, Tokio, Pekín y Londres.

Precisamente, en la actualidad, los esfuerzos del Gobierno chino se concentran en la consolidación de la ciudad como un referente para la innovación en tecnología y ciencia, especialmente en sectores como inteligencia artificial, biomedicina y circuitos integrados. 

Y el claro ejemplo de esto es el plan para crear una nueva ‘ciudad de la ciencia’, Zhangjiang Science City, que está siendo construida a partir del ya existente parque de alta tecnología Zhangjiang.  

Curiosamente, Zhangjiang High-tech Park existe desde 1992 y actualmente alberga a más de 18.000 empresas, 53 sedes regionales de corporaciones multinacionales y 828 empresas de alta tecnología. Solamente en el 2019, 6 de las 10 principales empresas mundiales de diseño de chips han establecido allí sus sedes regionales y centros de investigación y desarrollo (I + D), mientras que 3 de las 10 principales empresas de diseño de chips de China se encuentran en la zona.

Sin embargo, para el Gobierno chino esto no es suficiente, y con esta nueva ciudad espera crear aproximadamente 880.000 puestos de trabajo, y que, además, más de la mitad de los empleados vivan dentro. 

Yuan Tao, presidente de la junta de Zhanjiang Group, una de las organizaciones desarrolladoras de esta ciudad, declaró en 2019 que su entidad está promoviendo y acelerando proyectos relacionados con el Big Data, computación en la nube, blockchain, realidad virtual y realidad aumentada para formar un clúster de la industria de inteligencia artificial, que se articulará con la otras grandes industrias que darán vida a este nuevo lugar, del que el mundo pronto empezará a escuchar más seguido.

Desde distintas orillas, expertos reflexionan sobre cómo la pandemia ha transformado a los distintos ecosistemas de innovación. Una idea común hila sus discursos: el camino hacia la recuperación es disruptivo.

Volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad —VUCA, por sus siglas en inglés—. Esa parece ser la consigna actual de la cotidianidad. Ahora más que antes, debido a la pandemia de COVID-19. Sin embargo, los desafíos profundos de esta época pueden traer también nuevos horizontes. “La incertidumbre es un ámbito excepcional para la innovación y la creatividad. Sin incertidumbre, tendemos a volvernos frágiles y vulnerables”, aseguró Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, en el pasado Foro de Sostenibilidad Colsubsidio.

“La búsqueda de la certeza, incluso desde la ciencia, siempre ha sido un elemento cuestionable. Estabilidad y certeza son buenas en pocas cantidades”, agregó Baptiste. Esa idea de que en las tinieblas brilla más la luz no es nueva. De hecho, está plasmada en culturas milenarias.

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En palabras de Masaaki Imai, creador del Método Kaizen:  “Cuando uno escribe crisis en caracteres chinos, forma ‘Ki Ki’. La primera ‘Ki’ quiere decir catástrofe y la segunda ‘Ki’ oportunidad. Puestas juntas significan crisis. El concepto sería: si uno tiene una crisis puede convertirla en una nueva oportunidad”. ¿Cómo está la relación entre crisis y oportunidad en los ecosistemas de innovación?  

Responder a este interrogante, implica pensar los distintos matices que lo conforman. Por un lado, está la preponderancia de la inmediatez para sobrellevar la urgencia de la COVID-19. Un aspecto que puede no favorecer a la innovación, según Pascual Parada, Chief Innovation Officer de IEBS Business School.

“Empresas, instituciones, gobiernos, universidades y personas se han visto afectadas. Las grandes empresas han detenido parte de sus proyectos de innovación mientras que las pequeñas y medianas han apostado por ella como única salida. El foco de los gobiernos ha sido a corto plazo, pero la innovación se da a largos términos. Las universidades ven en peligro su valor, pero por su propia estructura no han planteado cambios disruptivos. La preocupación de las personas también es la supervivencia a corto plazo. Por estas razones, esta es también una crisis de innovación”, explica.

Por otro lado, está el hecho de que la pandemia en sí misma ha sido disruptiva, por lo que puede funcionar como un catalizador. “Los procesos de innovación se han acelerado. Esto ha resaltado tanto la importancia de innovar como las dificultades que derivan de no hacerlo”, dice Juan Carlos Briceño, docente de ingeniería biomédica y de la maestría y el doctorado Nodo de Innovación de  la Universidad de Los Andes.

Para Briceño, un ejemplo concreto de la fuerza que ha dado la pandemia a la innovación es el desarrollo de canales electrónicos de ventas y distribución. Otro caso interesante es el de la creación de dispositivos médicos, que puede tomar hasta siete años en circunstancias normales, pero que, por la necesidad aumentada de la COVID-19, derivó en productos que en siete meses ya están siendo ensayados clínicamente.

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En ambos escenarios, la colaboración juega un rol clave: “La labor más importante en cualquiera de estos ecosistemas es que cada parte exista y funcione por sí misma. No se trata de que un solo actor haga, recorra y aprenda todo en nombre de los demás”, agrega Briceño.

Como sucede en la naturaleza, parte de la esencia de los ecosistemas de innovación es esa noción de trabajo colectivo que, desde distintos procesos, le apunta a un bien mayor. “El tamaño del problema es tan grande que necesita ser asumido desde una perspectiva de ecosistema, con la tarea de pensar cómo vamos a hacer ese trabajo, quién asume qué y cómo. Estos modelos están inventados para que reunamos las acciones y trabajemos en conjunto”, explica Rafael Vesga, docente de la Facultad de Administración en el Nodo de Innovación.

Más allá de si se ve el vaso medio lleno o medio vacío, una cosa parece segura: la creación conjunta e innovadora puede hacer frente a la emergencia actual. “La crisis es cambio y la innovación es un agente del cambio: lo produce y lo consolida. El mundo se ha transformado, no sabemos exactamente cómo porque solo vemos señales, pero es algo para siempre. La innovación trata de entender los nuevos problemas y atenderlos con nuevas soluciones, por lo que será la base para salir de esta situación”, asegura, desde España, Parada.

En ese sentido, el papel gubernamental en la innovación es crucial. “Los gobiernos tienen que concentrar esfuerzos muy grandes en mecanismos que jalen la economía y que aceleren la transformación digital”, dice Vesga. 

Según los expertos, esto implica reforzar el pensamiento disruptivo principalmente en sectores como la salud, la agricultura, la construcción y la manufactura. “Las industrias más afectadas por la crisis serán las que más apuesten por la innovación”, sentencia Parada, haciendo alusión a una esfera que acoge al turismo, la hospitalidad y el entretenimiento.

Materializar innovaciones exitosas en tiempos de crisis también exige tener afinado el termómetro social, para entender cambios comportamentales que puedan ser fuente de nuevas tendencias, incluidas las de consumo. “Mi recomendación a empresarios y emprendedores es que sean curiosos, que observen las señales del día a día para formar patrones y que no se desilusionen ante el fracaso porque el fracaso y el error son naturales”, concluye Parada.

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