Reducir la huella de carbono, invertir al futuro


¿Medir, reducir y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero, puede ayudar a las empresas a ser más competitivas? Tres expertos hablan sobre el camino para que las compañías reduzcan su huella de carbono.

Inicio Sostenibilidad Reducir la huella de carbono, invertir al futuro Publicado el: 22 de octubre de 2020

¿Medir, reducir y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero, puede ayudar a las empresas a ser más competitivas? Tres expertos hablan sobre el camino para que las compañías reduzcan su huella de carbono.

A Nadia Mengucci, especialista en responsabilidad social empresarial y huella de carbono corporativa, la buscan empresas de diferentes sectores económicos y tamaños —desde grandes multinacionales hasta microemprendimientos— para un trabajo que ella, desde Argentina, define en pocas palabras: “soy una contadora de carbono que vende árboles”. Hace poco, para su sorpresa, hasta un estudio de tatuajes la contactó.

“Acompaño a las empresas que quieren adquirir un compromiso de neutralidad de carbono, les hago el inventario de gases de efecto invernadero, lo cual, comúnmente, es conocido como huella de carbono, y armamos un plan de reducción de emisiones para luego compensar el resto, porque no es posible reducirlas en su totalidad”, explica Mengucci, quien trabaja para la empresa Seamos Bosques.

El compromiso está en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero —el dióxido de carbono, el metano o el óxido nitroso, por ejemplo— producidos por la acción directa o indirecta de individuos, empresas, eventos o productos.

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Así lo señaló Blake Morgan, especialista en experiencia del cliente, en un informe publicado por la revista Forbes sobre 101 grandes empresas comprometidas en reducir su huella de carbono. Es el caso, por citar algunos ejemplos, de Microsoft, que proyecta reducirla en un 75 por ciento hacia 2030; de United Airlines, que ya ha invertido 16.000 millones de dólares en modelos más eficientes de consumo de combustible; o de John Deere, en el sector agrícola, que planea el reciclaje del 85 por ciento de sus materiales.

La tendencia apunta a seguir creciendo. “De aquí a cinco años todo el mundo lo va a hacer, será obligatorio seguramente. Hoy estamos en una fase inicial y solo las compañías más comprometidas son las que están apostando, de manera voluntaria, a dar el paso para saber cuánto consumen, cuánto contaminan”, asegura Ramón Nicolau, cofundador de Asesoría Energética Catalana, AECA.

Nicolau, experto en desarrollo de proyectos sostenibles y reducción de huella de carbono para organizaciones, desde Terrassa, a unos 30 kilómetros de Barcelona, agrega: “Ese es el primer paso para reaccionar”.

A medir, reducir y compensar

El primer paso consiste en establecer las emisiones totales de gases de efecto invernadero. El resultado está dado en toneladas de CO2. Ramón Nicolau explica que se tienen en cuenta tres alcances o enfoques:

  • Alcance 1: son las emisiones directas, aquellas que provienen de las fuentes controladas por la empresa. Por ejemplo, los vehículos que son propiedad de la compañía.
  • Alcance 2: corresponde a las emisiones indirectas asociadas con los servicios de energía adquiridos.
  • Alcance 3: emisiones indirectas asociadas con actividades que la empresa no puede controlar. Por ejemplo, el transporte de los empleados o de materias primas.

Una vez obtenido el resultado, se establecen planes de reducción. En el caso del estudio de tatuajes que contactó —y sorprendió— a Nadia Mengucci, aunque todavía en fase de medición, se estima que pueden adquirir equipos con tecnologías más eficientes de consumo energético.

En general, los expertos resaltan la importancia de adquirir tecnologías que optimicen el consumo de energía. Por ejemplo, la iluminación LED o los sensores de movimiento, con los cuales la luz se enciende o se apaga dependiendo de la presencia de personas.

No menos importante es la evaluación de los proveedores de materias primas o servicios. Nicolau utiliza como ejemplo el hipotético caso de una empresa de construcción española que compra acero de China. Si bien este puede ser más competitivo y económico, la huella de carbono asociada al transporte es inmensa comparada con la del acero adquirido en otra provincia del mismo país.

Es muy difícil reducir la huella de carbono a cero. Pero sí es posible hablar de neutralidad de carbono en la medida que se implementen actividades de compensación.

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Es decir, puede pasar que una empresa implemente todas las tecnologías de ahorro, pero igual va a generar una huella de carbono. Su actividad, al final, no se va a detener. En tal caso, es posible tomar la cifra resultante y calcular el equivalente en árboles para sembrar. Eso es lo que hace Nadia Mengucci, de ahí a que se defina como una persona que cuenta carbono y vende árboles para ser sembrados en la zona selvática de las Yungas en Tucumán, al norte de Argentina.

Otro mecanismo de compensación, explica Nicolau, es el desarrollo, inversión o contribución para proyectos enfocados en la reducción de los gases de efecto invernadero. Por ejemplo, plantas de biomasa o de energía renovable.

Las acciones individuales también suman: apagar los computadores por la noche y no dejarlos en reposo, apagar las regletas de energía que no están en uso o explorar, en lo posible, otros medios de transporte, son algunas de las alternativas.

Si trabajas para una empresa que no le importa la sostenibilidad, lo primero que puedes hacer es generar consciencia e interés con tus compañeros para buscar que la compañía tome acción. De igual manera, tu rol como consumidor pesa. Si escoges comprar productos de una empresa que tiene un buen comportamiento en materia ambiental, estás votando a favor de sus comportamientos y actividades”, señala William Paddock, cofundador y director de WAP Sustainability, desde Nashville, Tennessee.

La competitividad por apostar al futuro

Al reducir la huella de carbono no solo se habla de competitividad en términos de que, ¡por fin!, bajó el precio de la factura de la energía o el gas. Va más allá.

Inversores, procesadores de datos, están tomando informaciones relacionadas con el manejo del carbono para facilitarles el trabajo a los tomadores de decisión a la hora de determinar si vale la pena invertir en una compañía o si esta cumple los requisitos para continuar la inversión”, dice William Paddock.

Ramón Nicolau, entre tanto, indica que, hace poco, en Barcelona se ganó una licitación pública de mobiliario urbano la única empresa que certificó la huella de carbono de sus productos.

Sin olvidar que los clientes son cada vez más exigentes a la hora de escoger un servicio y fijarse en su impacto al medioambiente. “El tema es que ya no vale decir ‘soy una empresa comprometida con el medioambiente’…tienes que medirlo y demostrarlo”, añade Nadia Mengucci.

“Es un factor competitivo. Y es genial para el planeta que las compañías estén compitiendo sobre la base de la huella de carbono”, concluye, por su parte, William Paddock.