Cursos virtuales: una opción vigente, válida y en crecimiento


Después de ocho años en el mercado y un crecimiento acelerado, ¿representan los cursos virtuales un valor agregado al momento de conseguir empleo?

Inicio Productividad Cursos virtuales: una opción vigente, válida y en crecimiento Publicado el: 2 de noviembre de 2020

Tras ocho años de ingresar al mercado académico, la educación no formal mantiene su capacidad de ampliar las perspectivas cotidianas y de democratizar el conocimiento. ¿Representan los cursos virtuales un valor agregado al momento de conseguir empleo?

Los cursos virtuales continúan siendo un fenómeno de alcance mundial: en sus primeros tres años como tendencia, entre 2012 y 2015, los Massive Online Open Courses —MOOC, por sus siglas en inglés— tuvieron cerca de 25 millones de usuarios inscritos. Para finales de 2019, la cifra ascendió a 110 millones de alumnos, excluyendo los datos de China, y la oferta llegó a 13.500, dictados por 900 universidades.

Formatos, enfoques, plataformas y temáticas hay en abundancia y variedad: por ejemplo Coursera, edX, Udacity, FutureLearn, Swayam —las 5 con más usuarios en 2019, según Class Central— y Masterclass, sin olvidar otras alternativas informales como podcasts y tutoriales por YouTube.

“Sin importar la duración o la plataforma por la que se realicen este tipo de programas, si realmente forman al postulante en habilidades comprobables y aplicables en el rol al que se aspira, agregan muchísimo valor. Si una persona es capaz de demostrar que tiene algún conocimiento, es irrelevante cómo o dónde lo haya adquirido”, dice José Manuel Echeverri, vicepresidente de Recursos Humanos de Protección.

Por su lado, Miriam Awad Aubad, directora de Desarrollo Organizacional de la consultora internacional Real Mercadeo, asegura que “son un indicador más de comportamiento que de conocimiento. No es tanto lo que se aprende, es lo que dice sobre tu interés en aprender”. Por eso, es importante considerar el nivel de la vacante laboral para darle un peso justo a la educación no formal.

  • Nivel junior: “Este tipo de formación indica la inquietud intelectual de la persona; alguien que no solo terminó su carrera, sino que tuvo ganas de aprender e ir más allá con disciplina”, explica. Agrega que participar en asociaciones, voluntariados y otras actividades extracurriculares surte el mismo efecto.
  • Nivel intermedio: “Sirve para ver que la persona tiene interés en mantenerse actualizada. En ese sentido, importa más el tipo de curso que el número de certificados”.
  • Nivel senior: “Más que educación formal o no formal, diplomados o maestrías, para este tipo de cargos lo realmente interesante es ver cómo el postulante ha incorporado todos esos aprendizajes en su actuación cotidiana”.

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La naturaleza mutante del mundo —incluyendo el laboral— refuerza la potencia de la educación no formal y demanda que estas plataformas adopten procesos de curaduría para garantizar su seriedad, su método pedagógico y la calidad de sus programas.

“Lo que antes era valorado por las compañías, como contratar profesionales con un título oficial, está cambiando: es probable que en el mediano plazo no se seleccione talento por sus programas formales. En ese escenario, los cursos más cortos e informales que mantengan la calidad de sus contenidos van a tener una relevancia aún mayor”, dice Echeverri.

Para comprobar que los candidatos efectivamente tengan los conocimientos y habilidades que dicen, “los reclutadores pueden valerse de los avances mundiales en atracción del talento y procesos de selección: desde pruebas tradicionales, gamificación y simulaciones asistidas por computador hasta pruebas predictivas e inteligencia artificial con reconocimiento facial para identificar rasgos de personalidad y otras variables”, agrega.

Frente al desarrollo de talento, la educación no formal también es una herramienta valiosa para complementar la formación genérica de los colaboradores: “Funciona muy bien de una manera global más que específica, para brindar fundamentos básicos que ayudan al talento humano a desempeñarse mejor y a empaparse de otras miradas. No todos tienen que ser expertos financieros, pero todos sí deberían tener fundamentos en finanzas, por ejemplo”, asegura Awad.

Cursos virtuales e impacto social

Desde otra orilla, la educación no formal se alza como una manera de transformar el mundo en un lugar más justo y equitativo. Según un estudio de Coursera, 39% de los alumnos de MOOC provienen de países en desarrollo, donde los habitantes de bajo estrato socioeconómico y con poco acceso a educación reciben más beneficios tangibles de la educación no formal, como un ascenso o un aumento salarial.

“Estas herramientas permiten el acceso a conocimiento, muchas veces sofisticado, a personas para quienes en otras condiciones habría sido imposible tenerlo; facilita aprender habilidades que aumentan su empleabilidad y que pueden cambiarle la vida en algún momento. Al final, se trata de crear un mundo en el que todos tengan las mismas oportunidades para que la gente progrese y tenga un mejor impacto en su entorno”, concluye Echeverri.